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CAN-INMIGRACIÓN CANARIAS (Crónica)

"Para cuando seamos libres...". Últimas horas con los deportados a Mauritana

"Gracias por la mochila, para cuando seamos libres", dice un joven que probablemente ya sospecha que sus compañeros y él viven sus últimas horas en España y al sacerdote se le rompe el corazón... otra vez. Y por partida doble: sabe que está viendo un nuevo perfil de emigrante.,Antonio Viera lleva tres años como capellán del Centro de Internamiento de Extranjeros de Gran Canaria y no acaba de acostumbrarse a encuentros como el que vi

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 11:53

José María Rodríguez

"Gracias por la mochila, para cuando seamos libres", dice un joven que probablemente ya sospecha que sus compañeros y él viven sus últimas horas en España y al sacerdote se le rompe el corazón... otra vez. Y por partida doble: sabe que está viendo un nuevo perfil de emigrante.

Antonio Viera lleva tres años como capellán del Centro de Internamiento de Extranjeros de Gran Canaria y no acaba de acostumbrarse a encuentros como el que vivió el lunes, esos en los que toca despedirse y repartir algunos teléfonos de contacto a chicos a los que al día siguiente la Policía subirá a un avión a Mauritania, pero sin mencionar lo evidente: van a ser deportados.

"Es doloroso, te sientes impotente por no poder hacer nada. En los CIE se vulneran derechos, no se ofrece la asistencia jurídica debida, a veces ni se permite hacer una llamada en el último momento para avisar a tuyos de que regresas", explica a Efe.

Después de casi ocho meses, este lunes ha vuelto a pasar por ese trance con 22 jóvenes que ya están en Nuadibú y probablemente en breve sean conducidos a la frontera de Senegal. Como siempre, la ley y la prudencia le impide revelar a sus interlocutores que dentro de unas horas les van a comunicar que todo lo que sufrieron en la patera, y antes, no sirvió de nada, que les toca regresar, pero intenta darles pistas.

"Ya sabéis que cualquier día volverán a empezar las deportaciones, ya lo han anunciado". Les dice. Claro que lo saben y el cura se da cuenta, basta con mirarles a la cara, los chicos están abatidos.

Esta vez, unos voluntarios de la Cruz Roja y el capellán del centro dieron un paso más. Obsequiaron a los primeros inquilinos del CIE de Gran Canaria desde que el centro volvió a operar en septiembre con una mochila, un augurio más que evidente de un viaje.

Eran 20 jóvenes senegaleses, un guineano y un mauritano que llegaron este verano en dos pateras a Canarias. Hasta hace unos días compartieron confinamiento con un grupo de malienses, pero estos quedaron en libertad tras iniciar los trámites para pedir asilo, porque hasta Naciones Unidas recomienda que a nadie se le envíe de vuelta a Mali, ni directamente ni a través de Mauritania.

Pero ellos no tenían nada que alegar, solo que son pobres, quizás también que quieren buscarse una vida mejor en Europa o que sus parientes viven en Francia, adonde la mayoría de ellos quiere ir.

El viernes pasado, a pocos kilómetros donde estos chicos estaban recluidos, la comisaria europea de Interior, Ylva Johansson, lo dejó muy claro en su comparecencia de prensa en Las Palmas de Gran Canaria junto al ministro Fernando Grande-Marlaska.

"Europa se toma el derecho de asilo como una obligación moral, no solo legal. Forma parte de nuestros principios más profundos. Pero todo aquel que entre en Europa de manera irregular por razones económicas debe saber que será devuelto", sentenció Johansson, en un mensaje que este martes confirmaba de la manera más gráfica posible el primer vuelo de deportación de Canarias a Nuabidú en ocho meses.

El capellán del CIE de Gran Canaria tiene sus propias ideas al respecto. "Esa es la política de Europa y España también la aplica", reconoce, "pero deberíamos saber que nuestro nivel de vida en este lado del mundo se sostiene a costa del expolio de África".

Viera está acostumbrado desde hace años a tratar con los que no tienen más que esperanza, pero esta vez está muy preocupado. En los chicos expulsados esta semana a Nuadibú ha visto perfiles diferentes: son pobres, sí; pero pobres recientes, ruinas del destrozo que la pandemia de covid-19 está provocando en sus países.

"La mayoría de estos chicos tenía trabajo. Uno era taxista; otros, albañiles, alguno trabajaba en la hostelería... pero con la crisis han perdido su empleo. Tenían su vida, dentro de lo que es la vida en África, pero la han perdido. Si la crisis de la covid aquí nos ha afectado, imagínate en esos países de economía tan frágil", dice.

Su diagnóstico coincide con lo que llevan alertando desde hace tiempo ONG como la Comisión Española de Ayuda al Refugiado y algunos corresponsales españoles en África. La covid ha generado un nuevo perfil de candidatos al cayuco en países que disfrutaban de cierta estabilidad, como Senegal. Y Viera lo tiene claro "Seguirán llegando".

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