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El drama de los bancos de alimentos: “España pasa hambre. No aguantamos un segundo confinamiento”

Todos los días la Parroquia Santa María Micaela se convierte en un punto de recogida de alimentos para los que más lo necesitan

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Miguel Pérez

Redactor multimedia

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 16:48

Nueve de la mañana. Plaza de San Amaro número cuatro, Tetuán. Unas 30 personas esperan ante la Parroquia Santa María Micaela y San Enrique, donde la Fundación Madrina reparte comida para los que más lo necesitan. Entre los que esperan, se pueden contar hasta seis carritos de bebé. Son las llamadas “colas del hambre”.

“Antes de la pandemia atendíamos a 40 personas al mes, y ahora estamos atendiendo a centenares cada día. La necesidad ha aumentado un 200%”, nos explica Conrado Giménez, fundador y presidente de la fundación. Asegura que de forma diaria les llegan 150 familias vulnerables derivadas por los Servicios Sociales, mientras que cerca de otras 150 contactan con Madrina vía correo electrónico o llamada para pedir ayuda. Son casi “300 familias que al día entran en las colas del hambre”. Están sobrepasados y, por eso, muchas veces la Policía local y trabajadores del Samur les ayudan para repartir las ayudas. “España pasa hambre, Madrid pasa hambre. No aguantamos un segundo confinamiento”, sentencia.

Fundación Madrina atiende desde hace más de 20 años a mujeres gestantes y madres con menores a cargo en situaciones vulnerables. Pero como nos comenta Lidia, una de las voluntarias, el perfil de los solicitantes de ayuda está cambiando: “Gente que antes tenía una vida buena, se les han gastado los ahorros porque tenían que seguir pagando los alquileres”.

Desde una señora de 90 años hasta una mujer embarazada que lleva días sin comer, o un padre de familia desesperado porque se ha quedado sin trabajo y no tiene para dar de comer a su hijo. “Están en una pinza tremenda. Pierden la salud y mucha gente pierde la posibilidad de conseguir empleo. El perfil ha cambiado y hacemos lo posible por atender a todos”, afirma Conrado.

Por ello, avisa de que están haciendo un “sobresfuerzo todos los días” y de que “los bancos están exhaustos”. En este sentido, Lidia afirma que desde el banco se está haciendo complicado dar respuesta a toda la demanda “porque muchos días no hay alimentos”. Por eso, ella también teme un segundo confinamiento domiciliario: “va a ser aterrador para la gente”.

ALGUNAS DE LAS HISTORIAS

Pamela acude a la parroquia a por alimentos desde febrero. Trabajaba en una empresa de limpieza y era empleada del hogar. Sin embargo, al quedarse embarazada y dar a luz, perdió sus trabajos. Tiene un hijo de 13 meses y otro de 12 años. Nos cuenta que está inscrita en varias páginas de empleo, que ha dejado currículums, pero que no sale nada: “La cosa está muy complicada”.

Asegura que cada vez ve a más gente pidiendo comida, muchos con sus hijos. Es el caso de Carolina, auxiliar administrativa en paro. Es muy joven. Algo que, cuenta, ha jugado en su contra a la hora de buscar trabajo: “Entre que soy joven y casi no tengo experiencia… Antes te hacían entrevistas, ahora ya ni llaman”. Tiene un hijo de cinco meses. Todas las semanas se desplaza con su pareja desde Villaverde, su lugar de residencia, hasta Tetuán para recoger comida. Tiene miedo a que las restricciones le impidan seguir yendo a buscar la ayuda que necesitan.

Marisol lleva desde las cinco de la mañana en la cola. “Dejamos dormidos a nuestros hijos, mi amiga me cuida el sitio, doy de desayunar a los niños y vengo”, explica. Ella lleva tres meses recurriendo a las ayudas del banco. Le dan de todo: verduras, frutas, arroz, leche, carne o galletas para el desayuno. Tampoco encuentra trabajo.

“He tenido que colarme en el metro así te lo digo. No tengo ni para pagarme el billete y venir a buscar la comida”, este es el testimonio de Alba. Ella sí tiene trabajo, pero está en ERTE. Lleva sin cobrar desde marzo. Vive junto con sus seis hijas, dos de las cuales han dado a luz recientemente. Lleva 20 años en España y promete que esta es la primera vez que no ha podido pagar el alquiler. Si sigue así, en diciembre la desahuciarán: “Después del confinamiento no he podido pagar nada a la dueña del piso y ella también tiene que rendir cuentas con su banco, y así nos vamos liando todos. No tengo nada, esto es muy desesperante”.

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