Madrid - Publicado el - Actualizado
1 min lectura
La elección de Donald Trump como candidato del Partido Republicano a las elecciones presidenciales norteamericanas del próximo 8 de noviembre culmina un proceso plagado de dudas y recelos sobre la viabilidad del candidato y sobre la posibilidad cierta de imponerse a la futura líder demócrata Hillary Clinton. En la convención republicana de Cleveland no se han disimulado las disidencias, incluso las ausencias como forma de protesta. Sin embargo ha prevalecido la urgencia de entrar en la liza cuanto antes con la candidatura demócrata. Las dudas sobre la viabilidad de un político que se caracteriza por su populismo y capacidad de provocación han quedado aparcadas, lo cual no significa que hayan sido digeridas por amplios sectores de los republicanos.Al excéntrico multimillonario Donald Trump, discutido y discutible incluso para quienes le presentan, no se le puede identificar de forma clara con los valores tradicionales del viejo partido republicano. Es el espejo de una parte de la sociedad estadounidense marcada por la insatisfacción, confusa y temerosa ante el futuro, que busca mensajes simples y fuertes, y que refleja más un desencanto que una nueva propuesta.El aire extraño que se respira en los Estados Unidos no permite descartar nada en este momento. La paradoja la ilustran algunos sectores republicanos que a esta hora oscilan entre la abstención y el voto a Hillary, cualquier cosa menos apoyar a su propio candidato. Lo nunca visto.



