Madrid - Publicado el - Actualizado
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Gran Bretaña ha dado un paso más en la carrera de la manipulación genética al autorizar a un grupo de científicos del Instituto Francis Crick de Londres la aplicación de una técnica de modificación genética en embriones que serán destruidos posteriormente. Esta autorización permite intervenir en los núcleos primeros de la vida humana y significa un primer paso, amparado legalmente, hacia la fabricación de “bebés a la carta”. Como se ha señalado estos días, esa práctica se había proyectado ya en el contexto de la ideología nazi, cuando se pretendía la creación del superhombre ario. El permiso de las autoridades británicas rompe el consenso internacional respecto a los límites éticos de la investigación, reconocidos por los principales Convenios que han sido elaborados con el concurso de la propia comunidad científica. Dichos Convenios exigen expresamente la protección adecuada del embrión humano en su dignidad y su identidad" con respecto a las aplicaciones de la biología y la medicina. También el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha establecido la imposibilidad legar de patentar descubrimientos que requieran la manipulación y destrucción del embrión humano, fundamentada en el respeto inherente a su dignidad como individuo perteneciente a la especie humana. La decisión de la autoridad británica otorga una peligrosa carta blanca a los investigadores al dejar sin protección a los embriones humanos, que podrán ser utilizados como cobayas de laboratorio.



