Dos Iglesias hermanas en Rumanía

«La Iglesia católica no es extranjera» en Rumanía, decía el Papa a su llegada el viernes a este país

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«La Iglesia católica no es extranjera» en Rumanía, decía el Papa a su llegada el viernes a este país. Con ello no solo aludía al programa de su viaje, muy centrado en las minorías católicas que, por diversas circunstancias, no tuvieron el protagonismo que Juan Pablo II hubiera deseado en su visita a Bucarest hace 20 años. Con la beatificación este domingo de siete obispos mártires, asesinados bajo el régimen comunista, Francisco ha puesto en primer plano la realidad la larga tradición de fidelidad de la Iglesia greco-católica, unida desde hace muchos siglos a Roma, manteniendo su tradición oriental. Rumanía y Ucrania son los dos países del este de Europa con mayor presencia greco-católica, y sufrieron una feroz persecución religiosa, especialmente en tiempos de Stalin.

En no pocos casos las autoridades comunistas actuaron con la complicidad de la jerarquía ortodoxa, que aprovechó para apropiarse de iglesias y otras propiedades católicas, un elemento que inevitablemente enrareció las relaciones entre las dos confesiones, si bien esto se compensó después con la persecución que igualmente sufrieron muchos ortodoxos, asesinados por su fe junto a sus hermanos católicos. Esto último es claramente hoy lo que más pesa. Salvo por algunas minorías ruidosas, católicos y ortodoxos se reconocen Iglesias hermanas en el anuncio del Evangelio y la defensa de la dignidad del ser humano. Treinta años después del derrumbe del socialismo, como decía el Papa a su llegada el viernes, ambas siguen ejerciendo un influjo importante para resolver importantes retos que Rumanía aún tiene pendientes.

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