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El viraje del PP: del pragmatismo de Rajoy al rearme ideológico de Casado

La moción de censura contra Rajoy provocó una revolución interna en el PP, con Casado como nuevo 'súperhombre'

José Melero Campos
@ImparablesCope

Redactor y presentador del programa "Imparables Cope".

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 16 abr 2019

Las nuevas generaciones de nuestro país siempre habían tenido tres cosas claras: que Eurovisión se nos atraganta, que la Selección no pasa de cuartos en los mundiales y que el PP siempre obtiene 10 millones de votos, por lo que su gobernabilidad dependerá siempre de la movilización de la izquierda. Pero la velocidad del mundo en el que vivimos hace que todo quede en entredicho, hasta el punto de que España ganó un Mundial y el concepto que todos teníamos de una derecha fuerte, unida y fiel a unas siglas, ha quedado para la historia. Ahora se fracciona en tres: PP, Ciudadanos y Vox.

El PP (y me atrevo a decir que sus adversarios políticos del espectro de la izquierda) nunca imaginó que viviría este fenómeno, al menos a corto y medio plazo. Ciertamente era poco previsible que ocurriera, si tomamos como referencia las últimas elecciones generales, de las que aún no han pasado tres años, cuando los populares obtuvieron una holgada victoria, con Ciudadanos en retroceso y Vox sin lograr representación parlamentaria.

Si la política española ha experimentado desde aquel 26 de junio de 2016 un giro sin precedentes, ha sido en la derecha. Los casos de corrupción que han salpicado al PP, el desgaste de Cataluña y una manera de actuar en política de Rajoy, que priorizó la tarea de cuadrar las cuentas y poner orden en Génova sobre dotar al partido de unos valores que le habían caracterizado hasta su llegada a La Moncloa, permitieron a Ciudadanos rearmarse y a Vox darle alas para crecer y soñar con aunar a la derecha y capitalizar a los votantes que tradicionalmente habían optado por dar su apoyo al PP.

Por ello, el actual líder de los populares, Pablo Casado, ha centrado su gestión en detener la hemorragia y recuperar a sus votantes apelando a los valores que habían identificado a la formación desde que Aznar ostentara la presidencia del partido en 1990. No es de extrañar por tanto que, de nuevo, el aznarismo haya tomado otra vez las riendas del PP en detrimento del “marianismo”, de los que sus tres máximos representantes, Rajoy, Sáenz de Santamaría y Cospedal, apenas queda rastro.

El PSOE permite a Rajoy gobernar y evitar las terceras elecciones

El PSOE permite a Rajoy gobernar y evitar las terceras elecciones

 

Nada es igual, ni siquiera parecido, en el PP de hoy respecto a aquel 26 de junio de 2016, cuando ganó con holgura las elecciones, valiéndose de la división de la izquierda, cuyo electorado se desmovilizó después de que no llegaran a un acuerdo de gobierno tras los comicios del 20 de diciembre de 2015. A Rajoy se le habría un panorama despejado, con el PSOE en guerra interna, Podemos en decadencia y Ciudadanos ideológicamente desdibujado.

Un Mariano Rajoy que, tras los comicios de diciembre, rechazó la tarea encomendada por el Rey para formar un gobierno estable, y que asumió durante casi un año la jefatura del Ejecutivo en funciones: "Ahora tengo mucho tiempo libre", llegó a confesar a un falso Puigdemont mientras le gastaban una broma radiofónica.

En esta interinidad se mantuvo Rajoy hasta el 29 de octubre, cuando días antes la gestora del PSOE acordó abstenerse en su investidura y permitirle gobernar en minoría. Un premio a su resistencia, pese a ser consciente de que no sería lo mismo gobernar en aquellas condiciones, con 137 diputados, que con el rodillo de la mayoría absoluta. Por ello, lanzó la siguiente advertencia a la oposición: "No pretendan imponerme lo que no puedo aceptar." La amenaza de disolver las cortes y adelantar las elecciones siempre estuvo presente.

Cataluña: el artículo 155 deja al PP sin grupo propio en el Parlament

Cataluña: el artículo 155 deja al PP sin grupo propio en el Parlament

 

El 6 de septiembre de 2017, el Parlament de Cataluña aprobó la ley del referéndum con los votos de JxSí y la CUP, que se celebraría el 1 de octubre. Un día después, el 7 de septiembre, sería tumbado de manera cautelar por el Tribunal Constitucional tras el recurso presentado por el Gobierno de España. El Constitucional advertía además al Govern de la Generalitat que podían incurrir en un delito de responsabilidad penal.

La Generalitat se negó incluso a enviar al Ministerio de Hacienda los informes semanales sobre sus gastos. Hecho que tiene como consecuencia que la cartera de Cristóbal Montoro asumiera todo el control presupuestario de Cataluña para garantizar la estabilidad. Mientras, las fuerzas y cuerpos de seguridad incautan todo tipo de urnas, papeletas y propaganda para el referéndum ilegal.

La tensión máxima se prolongó hasta el mismo 1-O, cuando se produjeron numerosos altercados, de los que el Gobierno de España responsabilizó a Puigdemont. Rajoy, tras el final de la jornada, sentenció: “No ha habido referéndum, hemos asistido a una mera escenificación”. Solo diez días más tardes, la reacción fue más contundente, con la activación del artículo 155 de la Constitución con el apoyo del PSOE si la Generalitat no renunciaba a la de declaración de independencia.

No fue así, y el 27 de octubre Rajoy aprobó convocar elecciones adelantadas en Cataluña el 21 de diciembre. Hasta la celebración de los comicios, las funciones de la Generalitat pasarían a ser competencia estatal, revelando así a Puigdemont, Oriol Junqueras y al resto del Ejecutivo autonómico: “No se suspende la autonomía de Cataluña, se cesa a las personas que la han puesto en riesgo”, sentenció el jefe del Ejecutivo.

Medida por la que el PP tuvo que pagar un precio muy alto electoralmente. Si bien es cierto que la representación de los populares en el Parlament siempre ha sido prácticamente marginal, los resultados de los comicios del 21-D, con García Albiol al frente, no le dio ni para mantener grupo parlamentario, capitalizando Ciudadanos la mayor parte del voto contrario al independentismo.

Pésimos resultados que los críticos de Rajoy por su gestión en Cataluña, achacaron al descuido del líder popular en la autonomía, pensando que de esta manera sacaría más rédito político a nivel nacional. “Una negligencia estatal”, sostuvieron destacados miembros del partido, de la que salió beneficiado Ciudadanos. En aquellos días, los populares temieron más que nunca que la fuerza que había adquirido en Cataluña los de Albert Rivera se extendiera por todo el territorio nacional. Las encuestas le situaban incluso como la fuerza más votada. Pero todo cambió seis meses más tarde.

La sentencia de la Gürtel deja al PP sin gobierno

La sentencia de la Gürtel deja al PP sin gobierno

 

Pese al conflicto catalán, Rajoy vivía una Legislatura razonablemente estable. Incluso logró aprobar los presupuestos de 2018, tirando de chequera para contentar a vascos y canarios. Un paso importante para que el mandato, el más convulso de la Democracia, siguiera adelante. Si bien Ciudadanos remontaba en las encuestas (algunas incluso le daban como primera fuerza en intención de voto), los rivales de Rajoy por la izquierda no daban síntomas suficientes de mejora como para constituir una alternativa seria de Gobierno tras un hipotético adelanto electoral, con el PSOE relamiéndose de las heridas que habían dejado las primarias y un Podemos que parecía conformarse con el “sorpasso” a los socialistas.

Pero el 24 de mayo de 2018, el panorama político español dio un giro de 180 grados, con la sentencia del caso Gürtel, en la que la Audiencia Nacional condenó a 51 años de cárcel a Francisco Correa y a Luis Bárcenas, pero también al PP, como beneficiario de este “sistema de corrupción institucional.” Uno de los fallos más duros que se recuerdan en casos de corrupción. Los efectos fueron inmediatos. Al PP le situaban tercero en intención de voto en las encuestas, y Pedro Sánchez decidió aprovechar la coyuntura para presentar una moción de censura. Hasta ahora, la única moción que prospera en España, gracias al apoyo que dieron a Sánchez Podemos y los independentistas vascos y catalanes.

El todavía presidente del Gobierno amagó con dimitir. Finalmente se negó y acabaría por perder el Ejecutivo el 1 de junio de 2018 tras siete años en La Moncloa, uno de ellos en funciones. De esta manera se ponía fin a la carrera política de Rajoy. Una figura del que los suyos resaltan su pragmatismo político, mientras sus detractores le responsabilizan de haber desarmado ideológicamente a la formación. En lo personal, los que más le conocen le definen como sarcástico, de fino sentido del humor y campechano.

Con estas palabras abandonó el estrado del Congreso: “Ha sido un honor ser presidente del Gobierno y dejar una España mejor que la que encontré. Ojalá mi sustituto pueda decir lo mismo en su día.” La tarde del día anterior, mientras se debatía la moción, se encontraba en un restaurante cercano, al lado de la Puerta de Alcalá. Quizá allí anunció a sus íntimos que también dejaría la presidencia del PP.

El final del “marianismo”: El PP estrena modelo de Primarias

El final del “marianismo”: El PP estrena modelo de Primarias

 

En cinco días Rajoy pasó del todo a nada. El 5 de junio, solo cuatro días después de que perdiera La Moncloa, el líder más longevo del PP, con catorce años al frente, anunciaba entre lágrimas que abandonaba la presidencia del partido. Los populares afrontaban así la elección de un nuevo líder con un sistema de doble vuelta, con unas primarias abiertas y posteriormente los dos candidatos más votados se someterían a la votación de los compromisarios en un Congreso extraordinario. Por primera vez, no se aplicaría el modelo del dedazo.

Rajoy ponía así fin a 37 años de trayectoria en el partido, donde lo ha sido prácticamente todo, en buena medida gracias a su resistencia: llegó al Gobierno en medio de la peor crisis económica de la historia reciente de España tras dos derrotas electorales, hizo frente a la corrupción y a sus críticos, que estuvieron a punto de llevárselo por delante en 2008, en las semanas previas al Congreso de Valencia, cuando Esperanza Aguirre especuló con presentarse.

El PP afrontaba así un proceso desconocido para ellos. Las dos figuras más representativas del partido junto a Rajoy en la última década, su Vicepresidenta del Gobierno en las dos Legislaturas, Soraya Sáenz de Santamaría y la Secretaria General de los populares, María Dolores de Cospedal, decidieron dar el paso después de que el candidato favorito por las bases, Núñez Feijóo, diese un paso atrás para centrarse en la presidencia de la Xunta de Galicia.

Finalmente fueron seis candidatos los que buscarían gestionar Génova y liderar la Oposición a Pedro Sánchez. Entre las dos favoritas se coló el vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, que quedaría segundo en el proceso de primarias, solo por detrás de Sáenz de Santamaría, que resultaría vencedora de la primera parte del proceso.

Cospedal ocuparía un discreto tercer puesto, pero su consabida enemistad con Santamaría facilitaría la victoria de Casado en el Congreso, al facilitarle el apoyo de sus compromisarios. De esta manera, la propuesta de Sáenz de Santamaría de una candidatura única con Casado, no salió adelante.

Casado gana y rearma ideológicamente al PP

Casado gana y rearma ideológicamente al PP

 

"El PP ha vuelto.” Con estas palabras, muy abiertas a la interpretación, comenzó Pablo Casado su discurso tras ser elegido presidente de la formación. Y es que si algo ha tratado el sucesor de Rajoy en estos nueve meses, es recuperar las esencias y los valores del PP, que según los críticos de Rajoy estaban guardados en el fondo del armario en aras del pragmatismo político. Así las cosas, la lucha contra el independentismo, la educación, la familia o la vida han vuelto a ser protagonistas en la agenda de los populares. “La batalla de las ideas” se llama.

Casado nunca ocultó que se consideraba representante del “aznarismo ideológico”. Y ante la llamada al ex presidente, Aznar no ha dudado en responder y volver a la palestra para alabar la gestión de Casado, que lleva implícita una enmienda a la gestión de su antecesor, con quien las relaciones se habían enfriado desde el Congreso de Valencia del año 2008. Pablo Casado tiene claro que para evitar la fuga de votantes a otras opciones dentro de la derecha (Vox y Ciudadanos), los populares deben volver a sus esencias. 

De ahí algunos discursos que apelan al orgullo de ser del PP, y de paso levantar el ánimo de la tropa: “A mí nadie me habla de una derechita cobarde porque no me sostienen la mirada”, afirmaba un desafiante Aznar a Vox. La etapa de Rajoy queda así enterrada.

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