Yara (25), oficial de placa: "Me levanto todos los días a las 6 de mañana y soy feliz, no lo cambio por nada, ni por un descapotable"

Esta joven montadora de pladur denuncia que el problema del relevo generacional no es la falta de interés de los jóvenes, sino la nula voluntad de los veteranos para enseñar

Yara, una joven montadora de placas de yeso laminado (PYL)

Ignacio Juanilla Bernardo

Madrid - Publicado el

3 min lectura

En el sector de la construcción existe un discurso casi unánime: no hay mano de obra porque los jóvenes no quieren trabajar en la obra. Sin embargo, una voz discordante ha puesto en jaque esta idea. Se trata de Yara, una oficial de primera de tan solo 25 años que, con cinco de experiencia como montadora de placa de yeso laminado, ofrece una perspectiva completamente diferente y reveladora desde dentro del andamio.

Su testimonio, recogido durante una entrevista en el canal Sector Oficios Podcast, subvierte el relato habitual. Yara sostiene que los aprendices sí tienen ganas, pero se topan con una barrera inesperada: la falta de paciencia y de una estructura formativa real por parte de empresas y veteranos. "Ellos sí que quieren. Los que no quieren son los demás", afirma con rotundidad, señalando un problema que parece más profundo de lo que se admite.

El problema no es la juventud, sino la formación

La experiencia de Yara, que ya ha tutelado a unos 15 alumnos en prácticas, desmonta el tópico del desinterés juvenil. Según relata, el verdadero obstáculo es un sistema donde a los novatos se les exige un rendimiento inmediato en lugar de ofrecerles un aprendizaje progresivo. Esta mentalidad, centrada en la productividad a corto plazo, acaba expulsando a talentos potenciales que simplemente necesitan tiempo para "tocar material, equivocarse y aprender".

El compromiso de esta joven oficial llega a tal punto que ha sacrificado su propio tiempo libre por sus aprendices. Su caso personal ilustra a la perfección la falta de apoyo que denuncia en el sector, un gesto que evidencia su vocación por enseñar y la frustración ante la inacción de otros.

Me he llegado a pedir día de vacaciones para enseñarles"

Yara

Montadora de placas de yeso laminado (PYL)

Ella misma es un ejemplo de que, con la oportunidad adecuada, el camino es viable. Entró en el sector a través de un grado medio de obra civil y unas prácticas en una empresa, la misma donde hoy es oficial de primera. De los tres becarios que empezaron con ella, fue la única que se quedó, demostrando que la voluntad de enseñar es un factor clave para garantizar el relevo.

Rompiendo barreras en un sector masculinizado

Además de la crisis formativa, Yara pone el foco en la persistente brecha de género en la construcción. Al principio, pensó que trabajar en un entorno mayoritariamente masculino sería "mucho más difícil", pero con el tiempo ha encontrado más apoyo del que esperaba. Aun así, reconoce que los prejuicios siguen presentes y que a menudo debe enfrentarse a la incredulidad de quienes dudan que ella misma realice el trabajo físico.

Yara en la entrevista

Lejos de desanimarse, ha convertido su posición en una plataforma para inspirar a otras mujeres, demostrando con su trabajo diario que no hay oficios de hombres o de mujeres. Su mensaje es claro y directo, una reivindicación de la igualdad de oportunidades en uno de los sectores más tradicionales del país.

Este oficio también es nuestro"

Yara

Montadora de placas de yeso laminado (PYL)

Su visibilidad en redes sociales, donde muestra la realidad de su trabajo, le ha traído tanto críticas como un valioso retorno: se ha convertido en una referente para chicas y chicos jóvenes. "Hay quienes me dicen que se metieron en el grado tras verme", explica, lo que para ella es el verdadero valor de su exposición pública.

La dignidad de un oficio por redescubrir

Otro de los puntos críticos que señala Yara es la desconexión entre la formación reglada y la realidad de la obra. Considera que los grados tocan muchos oficios, pero de manera superficial y sin suficiente contacto con profesionales en activo. Defiende una enseñanza más práctica que devuelva el prestigio social a estos trabajos, no por romanticismo, sino por su utilidad y la dignidad que confieren.

En su opinión, el principal freno para los jóvenes no es el sueldo, sino la combinación de esfuerzo físico, la dureza de la rutina y la falta de apoyo inicial. A pesar de ello, Yara insiste en que el camino merece la pena por sus aspectos más creativos y los retos técnicos que plantea, desde rehabilitar palacios a ejecutar soluciones complejas. Un oficio, concluye, que no es fácil, pero sí real y, sobre todo, muy necesario.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.