CINE ESTRENO (Entrevista)

Elena Trapé: Aún cuesta que las mujeres dirijan películas de gran presupuesto

Magdalena Tsanis.

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 16:41

Magdalena Tsanis.

Con "Las distancias", su segundo largometraje, un retrato colectivo de treintañeros en crisis, Elena Trapé (Barcelona, 1976) triunfó en el pasado Festival de Cine de Málaga y sumó su nombre a una "nueva ola" de directoras catalanas que abordan relatos intimistas desde un prisma muy personal.

Nombres como Carla Simón, la ganadora del año pasado en Málaga, Elena Martín o Neus Ballús. Trapé hace una doble lectura del fenómeno: la crisis ha cambiado el paradigma industrial y ha permitido a más mujeres dirigir, pero las películas de gran presupuesto siguen siendo coto semivedado. "En esa liga aún cuesta", asegura.

"Las distancias", que se llevó en Málaga los premios a mejor película, mejor dirección y mejor actriz protagonista para Alexandra Jiménez y se estrena en cines el 7 de septiembre, es el relato de un fin de semana en que un grupo de cuatro amigos viaja a Berlín para visitar por sorpresa a un quinto (Miki Esparbé), que no los recibe como esperaban.

PREGUNTA: La película habla de lo que supone madurar y descubrir que tu vida no es lo que creías. ¿De dónde vienen estos personajes?

RESPUESTA: No es que tengan un pasado especialmente traumático, pero ser honesto con uno mismo y con los demás es un ejercicio difícil, una carrera de fondo permanente.

Pocas veces nos tomamos la molestia de parar un momento y preguntarnos si lo que nos pasa es fruto de nuestras decisiones o de dejarnos llevar y hacer lo que toca, y creo que en esta edad los acontecimientos te obligan a hacerte esas preguntas.

P.- ¿Es un retrato generacional?

R.- No era mi intención. Es un retrato de un grupo de amigos, aunque el contexto seguramente sí es generacional, habla del impacto de la crisis en sus vidas y cómo de repente se ven inmersos en la precariedad laboral y personal. Quería hablar de la decepción y de cómo uno la gestiona para ser feliz.

P.- ¿Qué les decepciona?

R.- Su vida no es lo que esperaban. El caso más evidente es Comas (Esparbé), se fue a Berlín a principios de 2000 con expectativas y talento y se ha quedado en una especie de limbo. Pero todos los personajes viven eso y están en el momento de darse cuenta de que en la gestión de esa decepción está la clave de la felicidad, en ir asumiendo lo que hay.

P.- Se habla de una nueva ola cineastas catalanas que han alumbrado películas muy personales, con una narrativa intimista, en un contexto de crisis. ¿Se siente parte de ella?

R.- Las escuelas de cine, desde la Escac a la Pompeu Fabra y el máster de Documental Creativo, son tres plataformas de producción que nos han abierto puertas y es cierto que la crisis, el cambio de paradigma a nivel industrial, nos ha beneficiado.

Se producen películas con presupuestos más bajos y se considera que al haber menos riesgo es más fácil que lo dirija una mujer, pero sigue habiendo pocas mujeres que dirijan películas de 4 millones de euros. En esa liga aún cuesta.

P.- Es un problema que trasciende a la industria del cine.

R.- Sí, es un tema estructural. Vivimos en un mundo construido bajo un prisma heteropatriarcal. A los hombres de manera natural se les atribuyen dotes de liderazgo y gestión de grupo, valentía y fuerza, y a nosotras se nos atribuye sensibilidad y otras cosas, así que de cara a un proyecto grande se siguen haciendo la pregunta de si seremos capaces de llevar un equipo de 100 personas, manejar la presión, etc.

P.- En su caso ha contado con Isabel Coixet como coproductora ejecutiva. ¿Cómo entró en el proyecto?

R.- Tuve la suerte de conocerla porque el Festival de Málaga me encargó un documental sobre ella ("Palabras, mapas, secretos y otras cosas", 2015) que se estrenó el año en que recibió el premio de honor del certamen. Ella siempre ha sido un referente para mí, haciendo cine en un momento en que no era fácil encontrar mujeres directoras. Me parece una persona brillante, inteligente, muy culta.

P.- ¿Por qué Berlín? ¿Cual es su relación con esa ciudad?

R.- Fui por primera vez en 1998. Antes del cine estudié Historia del Arte y trabajé como asistente de un artista que vivía medio año en Berlín. Después he ido a menudo porque me encanta. En 2011 me dieron una beca para escribir el guion y estuve allí 4 meses, y ésta última vez rodando, en 2017, hemos visto una transformación brutal de la ciudad.

P.- ¿En qué sentido?

R.- Cuando empecé a escribir era una ciudad asequible, pero ya no lo es. También ha cambiado cómo viven los berlineses la presencia del extranjero, ahora hay mucha hostilidad. Comas ya no podría vivir allí.

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