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TOROS | Primera oreja de la feria

Perera abre la lata

Miguel Ángel Perera cortó este miércoles la primera oreja de la feria de San Isidro tras cuajar a un buen toro de Alcurrucén. Ángel Teruel confirmó dignamente su alternativa y más gris se mostró Castella.
Miguel Ángel Perera con la oreja. EFE
Miguel Ángel Perera con la oreja. EFE

Madrid, miércoles 15 de mayo de 2013. 7 de abono. Lleno. Toros de Alcurrucén, bien presentados aunque desiguales de hechuras y juego. Destacaron el noble y enclasada primero y el encastado tercero, ovacionados. Sebastián Castella, silencio tras aviso en ambos. Miguel Ángel Perera, oreja y saludos. Ángel Teruel, que confirmaba, saludos y silencio. Que en la primera plaza del mundo suceda lo visto este miércoles antes del comienzo del festejo habla a las claras del declive en su gestión. Desidia, exceso de confianza, negligencia... El caso es que el día del Santo Patrón, en la festividad de San Isidro, el ruedo de Las Ventas apareció cual erial de los que labraba el santo madrileño en su época.Estampa castiza. Operarios trabajando mientras los repletos tendidos contemplaban atónitos su labor. Altavoces anunciando el retraso en 15 minutos el inicio de un festejo que acabó comenzando a las 19.24. El que lo arregló y puso a casi todos de acuerdo fue Miguel Ángel Perera con el tercero. Un toro que sacó las mejores cualidades de su estirpe Núñez. Empujó con riñones en el peto sin alcaracas y fue banderilleado portentosamente por Joselito Gutiérrez. Pero en la muleta del extremeño, el toro criado por los hermanos Lozano fue una máquina de embestir. Lo hacía con todo, repitiendo, humillando, queriéndose comer la muleta. Y allí estuvo un torero que lo cuajó bajo las premisas del temple y el sometimiento. Todo fue por abajo, rotundo, poderoso. A derechas la ligazón fue perfecta, enroscándose al toro y vaciándole muy atrás. A izquierdas tuvo que tirar más del toro, poner toda la carne en el asador Perera. La estocada cayó trasera y tendida. Lo que cayó justamente fue la oreja, de verdadero peso.El quinto salió de chiqueros con el claro defecto de echar la cara arriba al llegar a los engaños. Ese defecto lo corrigió Perera en los primeros compases de su quehacer. La receta, llevar siempre por abajo al toro. Esto hizo que el astado bajase su gas. Aún así hubo una buena tanda a derechas llevando tapado y cosido al toro en los vuelos de la muleta y un postrero epílogo por manoletinas. Restó puntos e intensidad a la petición de oreja la colocación caída de la espada.Otro buen toro fue el primero, Pandero de nombre, de perfectas y armónicas hechuras. Un toro que cantó sus buenas condiciones ya desde salida. Cumplió en varas y llegó con nobleza enclasada a la muleta del confirmante Ángel Teruel. El madrileño gustó por su clasicismo en un inicio de faena muy torero sacándole al toro a los medios. Toro de apostar, que respondió más y mejor cuanto más se le exigió. Hubo temple y armonía en la labor de Teruel, mejor resuelta a derechas. Pero al conjunto le faltó una tanda más rotunda para haber roto de verdad. Se ovacionó tanto al toro como al torero.Bajó el nivel de trapío de la corrida el vareado sexto. Además resultó sido y sin gracia cuando embistió a la muleta de un Ángel Teruel que esta vez se mostró más frío.Un suspiro duró el segundo. Tanto como una tanda en redondo de Sebastián Castella. El toro se desgastó en exceso en las dos entradas al caballo y tras dos extraordinarios pares de Javier Ambel, en el último tercio y pese a la insistencia del francés, nunca quiso seguir con celo la muleta.El cuarto, por el contrario, fue un toro complejo con muchas teclas por tocar. Se movió temperamental siempre que Castella acertó a llevarlo por abajo, si bien el conjunto le quedó demasiado mecánico al diestro galo.

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