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El orgullo de la lealtad

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Pese a su carácter  histórico y excepcional, la abdicación del rey Juan Carlos I, que se firma solemnemente esta tarde en el Palacio Real, y la proclamación mañana del sucesor de la Corona, Felipe VI, se desarrollan con un tono de normalidad que confirma la estabilidad de la monarquía parlamentaria y del Estado de Derecho. Es lo que reflejan las votaciones que se han sucedido en el Congreso de los Diputados y ayer en el Senado, donde se ha reafirmado la lealtad constitucional de manera contundente. Tiempo habrá, en un futuro más o menos próximo, de abordar el debate sobre la reforma de la Constitución, pero es evidente que lo que hoy toca es la culminación de una decisión soberana del que hasta ahora ha sido Jefe del Estado, para dar continuidad al sistema democrático elegido por la inmensa mayoría de los españoles.La gran tarea que espera a nuestros representantes, con la necesaria aportación como árbitro del rey Felipe VI, es la de llegar a un punto de consenso que renueve el espíritu de convivencia que alumbró la Constitución de 1978. Nada de esto tiene que ver con las algaradas callejeras de los nostálgicos de la república. De manera llamativa, el portavoz del partido socialista en el Senado, Marcelino Iglesias, recordaba que el verdadero espíritu republicano residía en el cumplimiento de la ley. Esa es la normalidad de la que habla Mariano Rajoy y de la que bien podemos sentirnos orgullosos la mayoría de los españoles.  

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