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Línea Editorial 17/03/2013

Momentos muy bellos en la vida de la Iglesia

La Iglesia vive momentos muy bellos. Cada inicio de pontificado es único, por mucho que la sucesión en la cabeza del colegio apostólico no se haya interrumpido en 20 siglos. Pedro y los demás Papas son la garantía de que la fe recibida de Jesucristo se conserva y transmite con plena fidelidad, pero a la vez cada Romano Pontífice imprime su carácter personal al ministerio y así la Iglesia evoluciona lo largo de los siglos. La vuelta al rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro simboliza que las cosas han vuelto a su lugar. Termina la extraña sensación que produce la sede vacante. Roma ya tiene ya obispo, la Iglesia tiene un nuevo pastor. Una vez más, sí, pero cada vez es un acontecimiento nuevo porque no hay dos Papas iguales. No era fácil suceder a Juan Pablo II, y llegó Joseph Ratzinger con el nombre de Benito, para iniciar un ministerio luminoso en un mundo sumido en las tinieblas del relativismo y la confusión. Tampoco era fácil suceder a Benedicto XVI, pero Jorge Bergoglio ha sorprendido ya con su estilo cercano y fresco. El Papa Francisco tiene maneras de pastor. La melodía de fondo no cambia. Desde el Concilio, la Iglesia vive una etapa muy marcada por la renovación y una mayor fidelidad a sus raíces como medio para afrontar la evangelización del mundo. Ése es el reto, pero Francisco le dará aires nuevos. Por eso el momento es apasionante. Conviene estar atentos y dejarse sorprender, sin caer ya en simplificaciones y prejuicos que desconocen la vida de la Iglesia.

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