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Europa necesita un proyecto regenerador, no más populismos

Portugal pone mañana fin a su programa de rescate financiero. Grecia, por primera vez en años, presenta superávit primario y vuelve a tener acceso a los mercados financieros. España e Italia se financian a intereses históricamente bajos, cuando hace apenas dos años la prima de riesgo superaba los 600 puntos. Hasta hace sólo unos meses, muy pocos hubieran imaginado que Europa llegaría en tan buenas condiciones a las elecciones al Parlamento Europeo. Se hablaba incluso del colapso de la moneda única, lo que hubiera supuesto la defunción de la Unión Europea. Pero Europa ha sobrevivido a la crisis, y va a dotarse de una unión bancaria que reforzará el proceso de integración y preparará a la Unión para afrontar mejor las crisis que puedan venir en el futuro. El trabajo no está concluido. La desigualdad y la pobreza han aumentado de forma alarmante y países como España soportan intolerables tasas de paro. La desconfianza, incluso hostilidad, hacia los inmigrantes y el auge de los nacionalismos populistas son también fenómenos preocupantes, reflejo de un descontento mucho más amplio. Pero la solución no es ser responder con populismos de otro signo, por mucho que se revistan de europeístas. El discurso que ayer se escuchó desde la izquierda en el debate electoral es peligroso porque pone en peligro la recuperación y porque pierde de vista la realidad de una Europa en decadencia, que urgentemente necesita un proyecto regenerador.