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Editorial, martes 15 de enero 2013

Córdoba puede ocupar un récord especial de hermanamientos con extrañas ciudades, muchas de ellas generalmente desconocidas. Eran hermanamientos cargados de simbología, de dietas y viajecitos, de imposturas varias, hermanamientos de nada y para nada, salvo para que algunos conocieran Europa a cargo del erario público. Algunos de los que ahora se presentan como Izquierda Abierta, o Nueva, o Reciclada, o Transversal o vaya usted a saber, conocen algo de esos viajecitos. O sea, que la izquierda podrá ser abierta, pero no nueva porque aquí en mayor o menor medida, nos conocemos todos y todos tenemos un pasado. El alcalde Nieto, que no es de izquierdas aunque tampoco nos parece mucho de derechas, se vino ayer de Roma  con un protocolo de hermanamiento, y esto puede resultar sospechoso por los precedentes, salvo por el hecho de que Roma es una gran ciudad, que mucho de romanos tenemos los cordobeses y que el futuro hermanamiento, más allá de los teatritos, farándulas, ciudades sostenibles y filosofías de movilidad de antaño, que no han servido para nada, tiene el claro objetivo del dinero, no nos engañemos. Turismo. Imagen. Otra cosa. Es la apuesta del alcalde Nieto que ha realizado pocos viajes pero efectivos: el criticado a Nueva York, que nos puso en el escaparate mundial del tenis; a París, llevando a los Patios y su universalidad antes del reconocimiento de la Unesco, y ahora a Roma, como una deuda a la ciudad que iluminó al mundo y que nos convirtió en gran parte de lo que somos. No es casualidad que se quiera recuperar el Templo Romano de Claudio Marcelo, como no son casualidad los viajes del alcalde, porque tiene claro que a esta ciudad hay que venderla en los escaparates de primera. Las otras propuestas que se presentan como alternativas y abiertas no van más allá de la Corredera, porque es el único feudo que les queda. Allí los mandaron las urnas y ahora poco más tienen que contar aunque se disfracen.

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