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MÉRIDA (VENEZUELA)

Daniel Luque nos salvó del hastío

Un encierro escaso de presencia y descastado en distinto grado de la Cruz de Hierro deslució este domingo el tercer festejo de Mérida.

Ha sido un “tostón” de corrida. Primero, el llamado de atención al palco presidencial autorizar un cartel de este fuste, donde a falta de una semana ya se sabía que el tercero del cartel se había caído del mismo, como era el salmantino Javier Castaño y poco importó a la empresa el que se buscara su sustituto. ¡¡¡Hasta cuando señores tanto engaño!!!. Segundo, el permitir un encierro como el despachado ayer, donde por lo menos tres de los pupilos de Don Pedro Echenagucia, jamás ni nunca debieron pisar una arena sagrada y actualmente vilipendiada como la Monumental de Mérida. Señores, un poquito de respeto, ¡¡¡Hasta cuando señores tanto engaño!!!.Qué pena tener que escribir una crónica de esta en estos momentos tan difíciles para el toreo venezolano, a una ganadería a la que teníamos tanto respeto. Lo de ayer, mancilla aquella frase del maestro del periodismo taurino, “El Vito”, «los toros de las faenas emocionantes…» que pena, de verdad…Una corrida que nacía gafada por la ineptitud de la empresa de turno en presentarnos un mano a mano que ni puñetera idea tenía razón de ser, ni sentido. Que atractivo pudiera tener, si lo más interesante del cartel, por el sevillano Daniel Luque, a quien ya habíamos visto dos tardes en San Cristóbal y otras más en esta plaza, ya le sopesamos en tardes anteriores. Lo demás corría a cargo de la buena voluntad de quien a pesar de lo malo, piensa lo mejor. Pero no siempre es así.Fue precisamente Luque quien abrió plaza, ante un diminuto ejemplar, al que le faltaba remate de todo: pitones, culata, pechos, pitones… conservando su característico cuello degollado y “hocico de rata” muy en el tipo del Saltillo primigenio de esta divisa. Con este dije, Daniel, pasó a medio gas las desganadas embestidas de la res, donde lo mejor vino en una tanda sobre la zurda que algo calentó el ambiente de la soleada tarde. El pinchazo, antes de dejar una estocada entera y desprendida, dio pie a que fuera silenciado. Su segundo del lote… otro dije desrazado lo que despachó Luque, a quien se le evidenció voluntad, muchas ganas de triunfo, deseos de justificar, pero cómo  bajo qué garantías ante semejante genero bovino. La estocada trasera y caída, además de dos descabellos fueron factor para que se le silenciara nuevamente.Pero salió en quinto lugar «Caporal», el más seriecito del lote del sevillano, a quien de capa y varas poco se le había visto detalles a destacar.  Pero su inicio de labor muleteril dio pie a que la los presentes entráramos en interés a lo hecho, de rodillas, cerrado en tablas. Luego, sobre la derecha prologó faena en tandas sobre la derecha, de limpio trazo, sacando partido del atisbo de nobleza en la que los trincherazos y pases de las flores de cierre de trasteo fueron de notable interés para lo poco que habíamos visto en la tarde. Las luquecinas finales fueron remate de altos quilates para que tras la estocada entera y trasera se le premiara con las dos orejas, este último apéndice con toda la generosidad que procede una tarde tan aburrida como inocua en el recuerdo de los que asistimos ayer a los escaños del otrora primer ruedo del toreo merideño.El que abrió el lote del espada tachirense Fabio Castañeda fue otro de los anovillados ejemplares que pisaron ayer el ruedo. Las caleserinas tras el medido castigo en varas fueron prólogo a una labor en la que compartieron tercio de banderillas ambos matadores, que hizo calentar labor a posteri. Más lo fue tras el inicio por la espalda con la que arrancó trasteo, para luego, sobre la derecha arrancar series mandonas, aprovechando a plenitud la pizca de nobleza que traía el “cruzdehierro” que correspondió. Por naturales la faena tomó mayores ribetes, sobre todo, en inspiradísimo solo de trompeta que la banda se arrancó en el pasodoble que acompañó dicha faena, magistralmente interpretada por la Banda “Antonio Valero” de la Mesa de Ejido, dirigida por Don Antonio Rangel, de lo poco que en la plaza de Mérida no ha perdido personalidad ni mucho menos solera. Valga eso. La estocada caída tras pinchazo dejó su trasteo en palmas tras leve petición.Poco pudo hacer un Castañeda más proclive al pose bonito que la lidia en sí, ante el cuarto, mansurrón que salió suelto de capotes, así como en la puya y banderillas. Pese a insistir sacar partido, poco pudo hacer, exasperando tal insistencia inocua, que luego tras dos viajes con el acero defectuosos, ser silenciado tras aviso.Con el que cerró plaza, vaya que nos tuvo en vilo el mencionada espada, pues el más seriecito de su lote tuvo un comportamiento de supina mansedumbre, repuchandose ante los caballos, propiciando que Castañeda cuando clavaba su segundo par de rehiletes fuera espectacularmente volteado, de órdago y campeonato la misma, incluso pensando lo peor, reponiéndose el mencionado coleta tras el trastazo, para volver a la cara del toro, animal que paulatinamente desarrollaría una mansedumbre y peligro latente, a tal punto de vivir en vilo la lidia del mismo. Tras varios intentos con el acero y el verduguillo, el halo de alivio cuando cayó el toro marcaba el fin de un festejo muy escaso de sentido, pues sin toros y muchos menos el sentido de un cartel atractivo no se puede intentar engañar a la noble e ingenua afición emeritense, por personas o supuestos empresarios que piensan más en su bolsillo que en el interés de la propia feria, ¡¡¡Dígase la verdad aunque sea motivo de escándalo…!!! Fotos: Hugo Angulo / Aníbal García

FICHA DEL FESTEJO

Mérida (Venezuela), domingo 7 de febrero de 2016. 3ª de Feria. Dos tercios de plaza.

Toros de La Cruz de Hierro (Pedro Echenagucia), mal presentados, escasos de pitones, mansos y descastados en distinto grado. Entre el lote enviado destacó el corrido en 5º lugar, el más potable del encierro en cierto grado.

Daniel Luque, silencio, silencio y dos orejas

Fabio Castañeda, palmas, silencio tras aviso y silencio tras aviso

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