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"No puedes quedarte en tu país"

Anash y Samir, dos refugiados sirios en busca de una oportunidad

Como muchos de los que protagonizan las imágenes que cada día recibimos iniciaron un éxodo que se hizo interminable.
Laura Otón durante la entrevista a Anash y Samir. Foto...
Laura Otón durante la entrevista a Anash y Samir. Foto cope.es

Anash tiene 32 años. Es sirio palestino. Ha vivido más de veinte años en un campo de refugiados en Damasco. Allí el ejército de Basar al Ashad acudía un día sí otro también para reclutar jóvenes en edad de luchar en su guerra civil. Eso ocurrió por última vez en diciembre de 2012. Su hermano y él lograron huir. “Yo no quería morir así” cuenta Anash que nos recibe en un piso compartido en un barrio humilde de una localidad madrileña. No quiere salir en las fotos, tiene miedo, todavía no se siente seguro. “Ahora si volviésemos a Damasco nos matarían por desertores”.

En este pequeño piso compartido vive con su amigo Samir. Tiene 22 años y unos ojos verdes que ahora sonríen. “Antes lo he pasado muy mal, porque cuando llegué era como cualquier inmigrante, no sabía hacer nada, no hablaba el idioma”. Ahora lleva dos años y aunque no ha conseguido conjugar a la perfección, puede decir que seis meses después consiguió hablar el idioma para abrirse paso en esta nueva vida. “Pasé por el centro de CEAR -Ayuda al Refugiado-y me enseñaron español, también hice con Cruz Roja curso de peluquería, y ahí aprendí mucho porque en las peluquerías se habla, eso sí no tenía ni idea, yo allí en Siria estudiaba pero aquí es muy caro”. Al quedar en la calle Samir se buscó la vida porque tenía claro que no quería acabar en una cárcel. “Por eso también aprendí el oficio de panadero y entre una cosa y otra podía pagar el alquiler de la habitación, ahora estoy mucho mejor”

En este piso que comparte con Anash y con otro joven pagan algo más de 120 euros, y con eso pueden vivir. Los dos mandan dinero a su país que saben que llega a sus familias. Lo hacen a través de Suecia pero a veces no les compensa pierden dinero. “Si mandamos 100 euros tenemos que pagar 25 por comisión y eso es perder mucho dinero.” Lo que quieren los dos es ahorrar para traer a sus familias. “Yo quiero traer a mi madre y hermanos, pero quiero hacerlo bien, que vengan legales, no quiero arriesgarme a que les pase algo” dice Samir. El objetivo de Anash es traer a su esposa. “Yo quiero un piso solo para mí, he solicitado una carta de invitación para que venga, pero ella es siria y al no tener la misma nacionalidad -él es palestino- es muy complicado”.

Anash logró entrar por Melilla después de seis meses intentándolo por un periblo pro Libia, Marruecos, Italia... Su hermano no lo logró y tuvo que cambiar los planes ahora reside en Suecia. Cuando les preguntas si merece la pena tanto sufrimiento para llegar y abrirse una nueva vida en España, los dos lo tienen claro: “No puedes quedarte en tu país a esperar que caiga una bomba y te mate, cualquiera desea una vida que no suponga esperar la muerte” dice Samir. “Veo en internet las imágenes de los sirios intentando llegar a Europa y lo entiendo, prefieren intentarlo aunque mueran por el camino”
Su cara se ensombrece cuando recuerdan las últimas noticias. ”Acabo de ver un barco naufragado en las costas de Libia con varios cadáveres en la playa, y dos eran niños de diez niños, no sé que decir....” Y así se quedan los dos mirando al vacío en silencio. Un silencio que tira de ellos para abajo pero que no les impide seguir luchando.

¿Dónde está la solución?

Samir tiene claro que los países árabes que les rodean no están haciendo nada por ellos, “nadie está haciendo nada, ni los países árabes, cierran las fronteras para que no pasemos a sus países. Piensan que son mejores que nosotros, pero son una mierda, somos de su misma sangre y mira como nos tratan...” La vida para ellos no es fácil pero es mejor que soportar las bombas de Damasco, y por eso entienden que padres con sus hijos intenten salir a la desesperada. “La guerra es un negocio- dice Samir mientras Anash asiente- negocian con la gente, haces lo que quiero  haces negocio, ganas tú y gano yo, si no ganamos te mato y ya está”.

Agradecen el apoyo de los españoles, los dos piensan quedarse en España porque saber el idioma ya es una ventaja a la que no quieren renunciar. “En España la gente es muy buena, te ayudan mucho, tengo amigos españoles que me han ayudado más que mi propia familia, me han dado todo lo que tienen y más”

Les dejamos en su pequeño piso con sus sueños, sus dificultades y todavía sus miedos, avanzando despacio para simplemente vivir una vida en paz.

Anash y Samir, dos refugiados sirios en busca de una oportunidad

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