Santoral

Viernes de la Octava Pascual: Día de Tiberiades

Sigue con fuerza el Mensaje del Misterio del que colgó de un Madero y ahora ha salido Victorioso del Sepulcro. También lo vivimos con intensidad este Viernes de la Octava de Pascua en que nos encontramos. Continuamos también con las fuentes del Evangelio que sigue las huellas del Rey Triunfante en este conocido como “Viernes de Tiberíades” porque el Resucitado se aparece a orillas de este Lago.

Allí llamó por primera vez a los discípulos tres años antes. El evangelista comienza señalando con claridad que se aparece Jesús a los discípulos. Era la tercera vez que los veían. Van algunos de ellos a pescar con Simón Pedro. Entre ellos destacan Juan, Mateo, Tomás y Bartolomé. La noche se promete abundante en la faena. Sin embargo no logran coger nada. Así pasan la madrugada, terminando desanimados.

El Maestro les espera en la orilla. Sin embargo no saben que era Él. Desde lejos les pregunta por la noche en la cual le contestan que no han cogido nada. El Señor les anima a que vuelvan a echar las redes. Como estaban apáticos, aunque sea por no contrariar, obedecen sin esperar nada a cambio. De pronto la red se llena de hasta 153 peces y no se rompe. Juan recuerda esa otra pesca que sucedió allí mismo precisamente en el punto de partida, cuando les invitó a ser pescadores de hombres.

Entonces reconocen al Resucitado. Cuando llega Pedro a nado, y luego ellos. Él ya había preparado unas brasas para que nada más llegar pusiesen los pececillos. Mientras comen todos se admiran de su presencia y tienen claro que es el mismo que conocieron y que les envió a predicar y que hizo milagros. Ninguno se atreve a preguntarle porque la Fe les asegura ya que es el Nazareno que Vivie para siempre.


dd/mm