Santo Tomás de Villanueva

Pastora orante y estudioso, fue dócil al soplo del Espíritu de Dios bajo cuya tutela ejerció su Ministerio sacerdotal y episcopal

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Recuerda San Pablo que “nadie puede decir 'Jesús es Señor' si no es bajo la acción del Espíritu”. Hoy, Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario, hacemos memoria de un Santo de origen español: Santo Tomás de Villanueva y que fue dócil al soplo del Espíritu de Dios bajo cuya tutela ejerció su Ministerio sacerdotal y episcopal.

A pesar de vivir sus padres en Villanueva de los Infantes, su lugar de nacimiento se sitúa en Fuenllana, dentro de la Provincia de Ciudad Real en el año 1486. Pasa por las aulas de la Universidad de Alcalá, donde destacará por su vasta competencia de ciencias sagradas y humanas, llegando a ser un maestro insigne. Pero en su trayectoria hubo otros grandes servicios de ayuda en bien de la evangelización reconocidos, como los que desempeñó en la Orden de los Agustinos.

Y es que todo lo que habái estudiado tal fue su grado de meditación e interiorización que lo puso por obra en su trayectoria pastoral. Al quedarse vacante la Sede Episcopal de Valencia, es nombrado Arzobispo de aquella Diócesis. El Espíritu de Dios le concedió el don de la sabiduría como al Rey Salomón en el Antiguo Testamento, y la prudencia para regir a sus diocesanos con caridad y celo por las almas, siempre imbuido en la pobreza evangélica.

Siempre meditaba lo que el Señor pide en el Evangelio donde invita a atesorar tesoros en el Cielo donde no hay polilla ni carcoma que se los roan. Estas fueron las constantes que le acompañaron hasta septiembre del año 1555 en que muere, siendo canonizado en el año 1568. En él se puede también aplicar el Pasaje donde Cristo agradece a su Padre del Cielo que reveló esto a la gente sencilla y se las escondió a los sabios y entendidos.


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