SANTO 28 ENERO

Santo Tomás de Aquino: El maestro de oración que lo plasmaba en sus obras

Hoy vamos tras los pasos de Santo Tomás de Aquino, dominico italiano del siglo XIII.

Santo Tomás de Aquino: El maestro de oración que lo plasmaba en sus obras
Jesús Luis Sacristán

Jesús Luis Sacristán García

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 25 ene 2020

Existen muchos Santos muy populares cuya vida habla por sí sola. Cada aliento, cada escrito, cada alocución es oro puro de Fe. Hoy es la festividad de Santo Tomás de Aquino, predicador como pocos. Nace en torno al año 1225 en el seno de una familia noble, originaria de Nápoles. Dios le llama a santificarse en la Orden de Predicadores, vocación que seguirá, con no pocas dificultades, puesto que en su casa se oponen. Pronto repararon sus hermanos dominicos en las dotes intelectuales que poseía.

El gran talento, unido a la humildad que desprendía en los quehaceres cotidianos, hace que le envíen a estudiar a París, completando conocimientos en Colonia. Entre los profesores que tiene se encuentra San Alberto Magno, quien, al observar el silencio y la reflexión interior de Tomás, le pondrá de sobrenombre “el buey mudo”, pero añadiendo que “cuando hable, sus mugidos (en alusión figurada a sus palabras) se dejarán sentir el todo el orbe”.

Después del periodo de formación, aplicó todo lo que había aprendido, legando una gran producción filosófica y teológica, avalada por la Iglesia como una forma válida de explicar el Misterio Divino y todas las verdades de Fe. Pero esto no le apartó de la vida espiritual, ya que siempre pasaba grandes ratos en oración, diciendo que aprendía más de rodillas ante el Sagrario que con los libros.

En su entorno le iluminaron porque en el colmo de esta espiritualidad quería quemar todo lo escrito, pensando como San Pablo que todo lo estimaba pérdida en comparación con Cristo. Pero al final comprendió que lo que escribía era fruto de su meditación. El Doctor Angélico, como se le conoce, por remontarse a lo más alto de las Verdades de Fe muere cerca de Terracina, en 1274, en la plenitud de su producción científica. De entre sus escritos dos obras merecen destacarse: La Suma Teologica y la Suma contra los Gentiles.

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