Boletín

SANTORAL 17 MAYO

El hombre que sólo encontró la riqueza en la Eucaristía

San Pascual Bailón tuvo siempre un gran fervor por la Eucaristía, que le acompañó durante toda su vida

La mayor ilusión de San Pascual Bailón era poder ayudar en la preparación de la Eucaristía

La mayor ilusión de San Pascual Bailón era poder ayudar en la preparación de la Eucaristía 

Jesús Luis Sacristán

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 17 may 2019

Uno de los aspectos más destacados en la Pascua es la presentación de Cristo Pan de Vida. La EucaristÍa se instituye en clave pascual. La Presencia Real y Verdadera de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar habla de la victoria del Señor sobre la Cruz en la que se entrega por todos y cuyo triunfo culmina en la Resurrección al tercer día, como festejamos a lo largo de estos cincuenta días en los que nos encontramos hasta Pentecostés.

La vivencia profunda en el Misterio Eucarístico desde este sentimiento se da en el Santo del día, porque hoy celebramos a San Pascual Bailón. Torrehermosa, cerca de Calatayud, vería nacer a este Santo al que se le impuso este nombre el día de su bautizo por venir al mundo en Pentecostés.

La escasa fortuna que hay en el hogar hace que se dedique al pastoreo del ganado, aprovechando, mientras tanto, para aprender a leer y escribir. Pero esta situación no le aparta de su amor a la Eucaristía, sintiendo ese fervor cuando sonaban las campanas que llamaban a Misa. Pronto ingresará en los Frailes Menores de Albatera, prestando sus servicios en Elche, Valencia, Játiva, Almansa y Jerez, entre otros lugares. Sus ocupaciones de lego franciscano le impedían poder participar en la Eucaristía cuando lo hacían sus hermanos. 

Sin embargo, cuando ellos dormían, se pasaba largas horas ante el Señor Sacramentado, en una gran experiencia de Fe y confianza. Cuando ha de llevar una carta del Provincial de Aragón al General de la Orden en París, sufre muchos contratiempos. Su momento más esperado siempre era ayudar en la celebración Eucarística. Muere en 1592, considerándolo todos un hombre bueno lleno de Dios. Cuenta la historia que su gran fervor eucarístico se mostró cuando, tras morir, estando de corpore insepulto, abrió los ojos en el momento de la Consagración.

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