Madrid - Publicado el
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La mujer que recordamos en este sábado de la III Semana de Cuaresma sintió la llamada de Dios en la oración y el silencio. Porque hoy celebramos a Santa Paulina de Fulda. Nacida en este lugar alemán, su vida transcurre ente los siglos XI y XII. Procedía de un hogar cristiano y se notaba su cercanía a Dios.
De hecho, ella buscaba momentos de oración y de ayuda a los demás, cuando los niños de su edad andaban inmersos en las cosa de su tiempos como jugar y salir a la calle. En su etapa de joven y adulta era una mujer amable y paciente que trabajaba con todos de la forma más dulce posible. Cuando enviuda de su segundo marido, quiere ir a algún Monasterio.
El Papa le da su bendición. Sin embargo cuando intenta hablar con el abad, éste muere inesperadamente. Pero el camino y las puertas no se le cierran. Tomando una decisión alternativa, marcha a hacia una zona de bosque con una amiga.
Entonces funda el Monasterio de Paulinzella. En estos muros, asumieron la oración, el trabajo, la obediencia y todo con sencillez y humildad. Su hijo asumió la administración del Monasterio, viviendo su consagración de hermano lego.
Un día abandonan el Convento, y se dirigen a Hirsau, en el que había fallecido su padre. Durante el camino enferma y es ingresada en un hospital. Santa Paulina de Fulda muere en el año 1107. En la mente de todos quedó su capacidad de trabajar en el más absoluto silencio.