Madrid - Publicado el
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El Pastor que recordamos este día tuvo que confirmar en la Fe a los demás para sacarles de sus errores doctrinales. Se trata de San Sixto III, al que celebramos en esta víspera del Domingo de Ramos y del comienzo de la Semana Santa. Accede al Papado tras la muerte de San Celestino I, el año 432.
Sus ocho años de Pontificado estuvieron llenos de multitud de problemas. Uno de ellos fue la herejía pelagiana. Dicha desviación, promovida por el monje Pelagio, decía que no era necesaria la Gracia Divina para realizar buenas obras. Pero las dificultades seguirían con Nestorio.
Este Obispo de Constantinopla, oriundo de Antioquia, defendía que Cristo no era una Persona Divina sino que en Él había dos Personas. A eso añadía que la Virgen María no era Madre de Dios. Tuvo que convocar el Concilio de Éfeso con la idea de sentar las Bases de la Fe y definir como Dogma que Cristo es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que se ha Encarnado y se ha hecho Hombre para salvarnos.
Con ello es Persona Divina y es Dios y Hombre a la vez. Los esfuerzos del Papa para obtener la conversión de los difusores del error fueron malinterpretados, de modo que, gracias al Concilio convocado por el emperador Valentiniano, quedó restablecido su buen obrar. San Sixto III muere en el año 440, no sin antes restablecer las Basílicas de San Pedro, San Lorenzo y Santa María La Mayor.