Madrid - Publicado el
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Muchas veces asumir la Cruz es saber llevar los defectos del prójimo, algo que nos piden también las Obras de Misericordia. Hoy celebramos a San Pedro Damiani, experto en esta realidad. Nacido en Rávena a principios del siglo XI, fue el último hijo de una familia muy pobre.
Al quedar huérfano de padres, se hizo cargo de él uno de sus hermanos que le trató con bastante dureza. Incluso le usó como mano de obra barata para cuidar el ganado porcino que tenía. Al no poder soportar la situación, tuvo que acogerle otro de sus hermanos, que fue muy dulce con él y que era sacerdote.
Como se llamaba Damián, Pedro en gratitud se puso Damián de segundo nombre, y así se le conoció desde entonces. Hombre de gran inteligencia, profundizó en el estudio y se hizo profesor. Pero un día entendió que esa vida no le terminaba de llenar.
Entonces se puso en manos de Dios para seguir su Voluntad. Dedicado a la vida monástica, llevó a cabo fundaciones y fue elegido Abad. No se hacía notar en nada y desde su silencio oraba, ayunaba y hacia mucha penitencia.
Nombrado Obispo, gastó sus fuerzas en bien de la Iglesia, cumpliendo fielmente los encargos que le hizo el Papa. Se le notaba su espíritu monacal siempre, porque es lo que manifestaba con los que le rodeaban. Sus escritos ponen las bases de la Reforma Gregoriana. San Pedro Damiani muere en el año 1072.