Madrid - Publicado el
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El Santo de este día tiene su paralelismo con la Vida de Cristo: estuvo ejerciendo la carpintería en el ámbito familiar hasta que se entregó al silencio. Se trata del ermitaño San Juan. No tiene ningún vínculo con el evangelista, Apóstol del Señor.
Nace en Licópolis – hoy Asiut- a comienzos del siglo IV. La mayor parte de su vida estuvo en Tebaida, dedicado a la oración y la penitencia. Tras una juventud en el ejercicio de la carpintería -oficio que aprende de su familia-, se pone en manos de un monje que orientará a la austeridad en busca de Cristo.
Alimentado de hierbas y frutos silvestres, duerme poco y dedica muchos ratos a expiar sus pecados. No faltan personas que van en busca de consejo y ayuda espiritual. Han corrido entre ellos las noticias de que es un hombre bueno y fiel.
La Santidad de vida se nota por su testimonio de vivirlo, pero nunca alardea de ser cristiano. Con el paso del tiempo, el monje Evagrio del Ponto y su discípulo Paladio van a visitarle. Tras una cálida acogida, profetiza a Paladio su próxima elección como Obispo, y las cruces que sufrirá.
Entre los que le visitan se encuentran algunos militares, así como legados que envía el propio Emperador Teodosio. Tras 75 años de penitencia y ayuno en el desierto, San Juan eremita muere en el año 394.