Madrid - Publicado el
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En el Preámbulo de estos Días Sacros volvemos a la Plenitud de los tiempos. En ese momento se encuentra La Encarnación del Señor. Se trata de uno de los principales Misterios detrás de la Pascua de Resurrección y de Pentecostés.
Dios ya prometía la Salvación al género humano en el Paraíso, después de que éste cometiese el Pecado Original. Y es San Lucas el evangelista que nos cuenta cómo el Señor envía al Arcángel San Gabriel a Nazareth de Galilea para ofrecer a una Virgen de nombre María el ser su Madre.
Ella se asusta ante el saludo y el Mensajero de Dios le quita cualquier temor recordándole que ha hallado Gracia ante Dios. A partir de ahí le explica que concebirá al Salvador del mundo. Y le añade para aseverarle todo que el Espíritu Santo le cubriría con su sombra.
María acepta y se presenta como la Sierva del Señor y pide que se cumpla su Palabra. En el siglo IV ya se celebraba la Anunciación. El Concilio de Toledo estableció y la Iglesia la adoptó justamente cuando faltan nueve meses justos para el Nacimiento de Cristo, el 25 de diciembre.
Su celebración fue después del Concilio de Éfeso que proclamó a María como Madre de Dios, lo cual reforzó la instauración de esta Solemnidad. Así comienza el Designio Salvífico, tal y como viviremos estas próximas jornadas en la Semana Santa, con los Misterios Centrales de nuestra Fe.