Madrid - Publicado el - Actualizado
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Hoy, I Domingo de Cuaresma, nos encontramos en puro desierto. Cristo ha sido bautizado por Juan como un signo de inicio de su Vida Pública pero no porque necesitase conversión, puesto que Él es Dios Hecho Hombre. Allí en la zona desértica se siente empujado por el Espíritu Santo para ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches.
Al finalizar esas jornadas siente hambre y el maligno le tienta sugiriéndole un milagro para convertir las piedras en panes, pero él lo rechaza. También le lleva al alero del Templo para que se tire abajo y sienta la protección de Dios. El Señor lo vuelve a rechazar. Finalmente le enseña los reinos del mundo para que le adore y el príncipe de las tinieblas se los entregue.
Entonces el Señor le rechaza y le echa de su Presencia. En ese momento se acercan a servirle los ángeles. La Iglesia imbuida de la Cuaresma recuerda hoy también la Cátedra del Apóstol San Pedro. El Evangelio cuenta cómo Cristo, de entre los Doce Apóstoles, puso a Simón Pedro como Cabeza del Colegio Apostólico.
Esta misión quedó reafirmada después de la Resurrección de Cristo, cuando, después de negarle el Pescador en la Pasión, borró las negaciones con una triple confesión de Fe. San Pedro es, por eso, el Primer Papa y Vicario de Cristo, como lo son todos sus sucesores en el tiempo.
Estos ocupan su Silla que fue donada al Papa Juan VIII por Carlos el Calvo, nieto de Carlomagno y que fue llevada a todos los actos donde se celebraba algo hasta 1666. En ese momento se entronizó en el Altar, obra del artista Bernini, en El Vaticano.