“¿No hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?”

Evangelio según san Lucas 18,1-8 y comentario de José María Calderón, director nacional de OMP

Redacción Religión

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 Primera lectura  

Lectura del libro de la Sabiduría 18,14-16;19,6-9

 

 

Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera, tu palabra omnipotente se lanzó desde el cielo, desde el trono real, cual guerrero implacable, sobre una tierra condenada al exterminio; empuñaba la espada afilada de tu decreto irrevocable, se detuvo y todo lo llenó de muerte, mientras tocaba el cielo, pisoteaba la tierra.

Toda la creación, obediente a tus órdenes, cambió radicalmente su misma naturaleza, para guardar incólumes a tus hijos.

Se vio una nube que daba sombra al campamento, la tierra firme que emergía donde antes había agua, el mar Rojo convertido en un camino practicable y el oleaje impetuoso en una verde llanura, por donde pasaron en masa los protegidos por tu mano, contemplando prodigios admirables.

Pacían como caballos, y retozaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador.

 Salmo de hoy  

Salmo 104,2-3.36-37.42-43

 

 

 R/. Recordad las maravillas que hizo el Señor

Cantadle al son de instrumentos,

hablad de sus maravillas.

Gloriaos de su nombre santo,

que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Hirió de muerte a los primogénitos del país,

primicias de su virilidad.

Sacó a su pueblo cargado de oro y plata,

y entre sus tribus nadie enfermaba. R/.

Porque se acordaba de la palabra sagrada

que había dado a su siervo Abrahán.

Sacó a su pueblo con alegría,

a sus escogidos con gritos de triunfo. R/.

 Evangelio del día  

Lectura del santo evangelio según san Lucas 18,1-8

 

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.

«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle:

“Hazme justicia frente a mi adversario”.

Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo:

“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».

Y el Señor añadió:

«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».