La vida y los frutos

La vida y los frutos

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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"Llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los Apóstoles" (Hch 9, 26-31). Es impresionante esa doble anotación que se lee en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Saulo ha perseguido a muerte a los que siguen la doctrina y el camino de Jesús de Nazaret. Ahora se dice que ha cambiado radicalmente. Pero no lo creen los que todavía no han visto pruebas de ese cambio. Hay demasiados lobos que se cubren con pieles de oveja.

Sin embargo hay un levita que sigue a Jesús y que ha vendido un campo para compartir el dinero con los pobres de la comunidad. Bernabé es creíble. Hay que agradecerle que haya avalado con su palabra y su autoridad el cambio que ha convertido a Saulo en un hermano.

Seguramente, en nuestro entorno ha ocurrido algo semejante. Por eso podemos cantar con el salmo responsorial: "Alabarán al Señor los que lo buscan" (Sal 21).

De todas formas, recordemos el mensaje de la segunda lectura de este domingo: "Ese es su mandamieto: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó" (1 Jn 15, 1-8).

LA VENDIMIA

Tras la alegoría del Buen Pastor, que se leía en el cuarto domingo de Pascua, en este quinto domingo meditamos la alegoría de la vid y los sarmientos (Jn 15,1-8). En ella se nos habla de Jesús y se nos recuerda la vocación de los discípulos.

Es fácil descubrir la lección que nos enseña esta alegoría. A todos nos espera la hora de la vendimia. Queremos ofrecer al mundo una excelente cosecha. Pero solo el estar unidos a Jesús nos dará la posibilidad de producir buenos frutos. Los sarmientos que pretenden desprenderse de la viña para alcanzar la libertad deberían saber que les espera la sequedad y la muerte.

FIDELIDAD Y FECUNDIDAD

Sin embargo la alegoría de la vid y los sarmientos no se reduce a una amenaza de esterilidad y de fuego. En realidad nos invita a mirar al Padre y a Jesús. Y abre ante nuestros ojos un espléndido panorama de fe, de fidelidad y de vida.

Señor Jesús, creemos que tú eres la verdadera vid, de la que brota nuestra vida. Sabemos que sin ti nunca podremos dar los frutos de la fe, de la esperanza y del amor. No permitas que nos apartemos de ti. Amén. Aleluya