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Cuaresma: vete al desierto, combate a tus demonios, pero no lo hagas solo

El camino del desierto de Jesús se repite en nosotros también en Cuaresma. Allí nos esperan nuestros demonios, que nos quieren desviar del camino

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Pablo Valentín-Gamazo
@pabblovg

Redactor cope.es

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 18 mar 2019

Seguimos a Jesús. Estamos en Cuaresma. Eso quiere decir que nos toca ir al desierto, al de nuestro interior. En Jesús tenemos el ejemplo de cómo recorrer estos cuarenta días hasta que llegue el momento de vivir y proclamar que Él ha ganado a todo: al pecado, al dolor y a la Muerte. ¿Cómo camino Jesús para que nosotros sepamos cómo tenemos que hacerlo? Tan fácil (y tan difícil) como mirando a Dios. 

Jesús ni siquiera estaba pensando en todo lo que iba a tocar sufrir por nosotros. Él iba guiado por el Espíritu Santo y al se encomendó para acometer al diablo y a sus tentaciones. En el desierto de nuestro interior es donde vamos a encontrarnos con nuestros demonios, al despojarnos de todo, si es que realmente queremos vivir la Cuaresma. 

Son tres los que todos los hombres y mujeres del mundo tenemos en común. Placer, tener y poder. El pan con el que tentó el demonio a Jesús es para nosotros el placer, la satisfacción de la necesidad del cuerpo, de la carne. Por eso se nos da el arma del ayuno, para que sigamos mirando como Jesús: con las vista puesta en Dios. ¿De qué eres esclavo? ¿A qué podrías renunciar de tu placer por Dios? Jesús te alienta: "No sólo de pan vive el hombre, si no de toda palabra que sale de la boca de Dios". El mensaje de Salvación, de Redención y de Amor de Dios, que son para ti, para cada uno de nosotros, pueden servirte de inspiración. Dios te salva a ti, te redime a ti y te ama a ti. Es más que inspirador.

La segunda tentación con la que intenta engañar el del rabo y el tridente a Jesús es con el poder. Le promete el gobierno de ciudades, ejércitos, le vende poder en la tierra. Jesús igualmente lo rechaza. A nosotros nos quiere poner piedras en el motor de nuestra vida: seguir a Jesús. Esas piedras son esos pensamientos que igual nos sacan de ese camino. "A ver si me ascienden...", "a ver si consigo...", "ojalá me dieran...". Jesús nuevamente te lo dice: "Sólo al Señor, tu Dios adorarás, y sólo a Él darás culto". 

Piénsalo, Jesús viene de decir a los apóstoles, a nosotros que quien le siga va a recibir multiplicado todo lo que deje. ¿Qué inversión merece más la pena: la de nuestras fuerzas para conseguir logros aquí, reconocimientos, méritos o la de nuestra vida? Cada cual que lo valore. ¿Quieres ser el hombre o la mujer más poderoso...del cementerio? Lo que Dios propone es la eternidad. La balanza está ahí. 

Por último el diablo, que es listo y osado, le dice a Jesús que se despeñe por un barranco porque sus ángeles le van a recoger. Le contesta que a Dios no se le puede tentar. Sin embargo, a nosotros sí. Por ahí nos puede atacar, en nuestro "seguir a Jesús". Por ejemplo, "Dios, si me concedes esto, te prometo que...". Esta prueba es muy difícil, va a descentrarnos en nuestra relación con él, es muy difícil...si la vamos a querer superar solos. Esa sería una forma de caer. Pero en este desierto, en este combate de Cuaresma, Jesús camina a nuestro lado

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