Hijos del polvo, de Ignacio Eufemio Caballero

La reseña del nuevo poemario de Ignacio Eufemio Caballero, por Pablo Martínez de Anguita

Hijos del polvo, de Ignacio Eufemio Caballero

Pablo Martínez de Anguita

Publicado el

3 min lectura

Busca la verdad mientras eres joven, porque si no lo haces, luego se te escapará de entre las manos.” afirma Platón en su Parménides (130e -135d). Al igual que con esta frase Platón invitaba a sus discípulos a ejercitarse en la filosofía desde su primera conciencia del misterio de la realidad, también la poesía verdadera solo se puede escribir cuando se empieza de joven, porque después, como nos recuerda el maestro griego se te escapará de entre las manos. Para los mayores queda la nostalgia como fuente de poemas… Pero la nostalgia solo resulta sincera si antes uno ha cruzado la “umbralesía”, esa bonita palabra inventada por Ignacio que yo definiría como el espacio simbólico entre el deseo y la respuesta. Y esa “umbralesía” es terreno de quien aún busca incansable en cada noche de estrellas respuesta a la única pregunta relevante: ¿Quién es el hombre para que te acuerde de él? como canta el Salmo 8:4, o dicho de otro modo siendo el hombre tan frágil y mortal, ¿de donde procede su dignidad? Y, ¿por qué solo en el ejercicio de la humildad podemos intuir alguna respuesta que nos ponga en movimiento?

Se pregunta Ignacio Eufemio Caballero en su nuevo poemario “Hijos del polvo”.

¿Será locura mía preguntar al polvo por su sueño,
al vacío por su eco, y al mundo – hecho de fallas-
si queda un hilo de cordura intacta?

Ignacio Eufemio Caballero

Poeta

Y sus preguntas alcanzan la luna y las estrellas.

Permanezco, testigo y clamoroso,
Escuchándoos cantar a la luna con voz de estrella,
Y en su luz, se desvela la mirada
Que velaron los discípulos en su lumbre

Ignacio Eufemio Caballero

Poeta

como ya lo hicieron los versos románticos de Leopardi en su “Canto nocturno de un pastor errante en Asia”

¿Qué haces, luna, en el cielo? Dime, ¿qué haces
silenciosa luna?
Surges de noche y vas
contemplando los desiertos, y luego te paras.
¿Aún no estás cansada
de recorrer los caminos del cielo?
¿Es que aún no te cansas ni te hastías
de mirar estos valles?

Giacomo Leopardi

Poeta italiano

En su obra, Ignacio se “descifra en las miradas que no conocen noche” pero a diferencia de Leopardi, su poesía es la de un hombre que ha visto la fuente de una esperanza. La pregunta es la misma, pero en la respuesta del romántico Leopardi no hay atisbo de certeza para sustentar la esperanza que ansía:

Dime, ¿por qué yaciendo ocioso, sin cuidados, cada animal descansa, y yo, cuando reposo, siento tedio?... ¿acaso en toda forma, en todo estado, ya sea en cuna o en cubil, es funesto a quien nace el nacimiento?

Giacomo Leopardi

Poeta italiano

Ignacio escucha en el canto de la alondra en su poemario que, a su vez, le asoma al misterio que desvela no solo la alondra sino la misma presencia de la luna que a su vez le desvelaba el sueño al propio Leopardi. Y, como él mismo afirma,

Al inclinarse ante su misterio
Comprendo que esa bondad no cabe en gesto
Pues se derrama sobre montañas sin cruz ni campana
Sobre mares que en sombra desbordan sus límites
En los acantilados del cielo que contemplo
Cayendo, infinitos, como mapa, copla y oración

Ignacio Eufemio Caballero

Poeta

Ignacio se inclina ante el misterio de su existencia y halla respuesta a su manera, en su propio camino de poeta hecho de humildad joven de quien sabe que la soberbia derriba al primer golpe todo andamiaje que no se construye sobre la sencillez, la contemplación y el asombro. Y desde estos pilares se pone a los pies del Camino, la Verdad y la Vida.

El Vero Rey
El Hombre de dolores
El varón de las Llagas Inefables
Que en la cruz sangró,
Y cuyo llanto enarboló coronas de espinas
Para redimir lo que el mundo había envilecido

Ignacio Eufemio Caballero

Poeta

Y de esa bondad me atrevo a decir, nace la esencia de nuestra patria, de esa Tarsis señalada por los profetas como Jeremias como la tierra de la plata (Jeremías 10:9) o la Carpetania de Ignacio hoy.

Desde la vieja Carpetania de los sueños deseados
La tierra que duerme en latín y despierta en castellano
Una patria de
señores y señoras de Castilla,
Cuyas losas sellan todavía
El bramido de imperios y plegarias
(…)
Por vuestras manos se alzó el nuevo mundo
La nao de maderos consagrados

Ignacio Eufemio Caballero

Poeta

Una patria de caballeros como Ignacio:

Cual hidalgo de la Mancha
Que con su lanza cifra y lidia con gigantes

Ignacio Eufemio Caballero

Poeta

Para mí, pobre inculto que quiso hacer poesía y que no llegó, la belleza de la obra de Ignacio es que reafirmada en su propia experiencia, y como Caballero que es, nos describe su camino personal al Misterio a través del misterio de “los versos secretos de las acequias” para que no necesitemos llegar a adultos descreídos que exclamen pulchritudo tam antiqua et tam nova), el “Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva” de San Agustín.

Si Dostoievski nos enseñó que la belleza salvaría al mundo, si Rilke nos avisó de que “la belleza es el comienzo de lo terrible que aún podemos soportar”, y si Antonio Machado vio en un olmo seco la fuente de su esperanza (“Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.”), en Ignacio, la belleza se hace viaje y fuente de caballerosidad como

Sabedlo ahora, que este Magrit heredado,
Volverá a levantarse en dulzura de agua y resplandor

Ignacio Eufemio Caballero

Poeta

El mismo Magrit que nos enseñó que “el arte evoca el misterio sin el cual el mundo no existiría”; y del cuál en Hijos del Polvo, Ignacio nos recuerda que somos extrañamente sujeto y objeto.

La obra de Ignacio es bella, pero sobre todo es testimonio personal de su camino de caballerosidad y humildad de búsqueda y encuentro con ese Misterio positivo que no ha cejado en su empeño de invitarnos a ser caballeros Tartessos, castellanos o carpetanos; de esos que soñarán…

más fuerte esta noche,
vestida de jazmín y estrellas,
en que los sueños, sueños sean!

Ignacio Eufemio Caballero