8M: 1.486 científicas españolas menos

Alfonso V. Carrascosa

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Hace poco hemos conmemorado el 11F Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, y de cara al 8M Día Internacional de la Mujer, parece conveniente reflexionar sobre el recientemente iniciado proceso de declaración del aborto provocado como un derecho constitucional en España. De 1987 a 2024 se practicaron en nuestro país 2.970.885 abortos provocados. Atendiendo a que Naciones Unidas propone como porcentaje de científicos en la población el 0,1%, el aborto provocado se ha llevado por delante en ese período de tiempo en nuestro país a 1486 mujeres científicas, el 18% de las cuales serían católicas practicantes si nos atenemos a las estadísticas actuales: de estas 267 nunca podré escribir nada en mis libros.

Según la OMS, cada año se producen en el mundo alrededor de 73 millones de abortos provocados, lo que supone impedir ejercer su profesión a 36.500 mujeres científicas, de las cuales el 18 % sería católicas practicantes, esto es, 6.461. Esto corresponde a aproximadamente 200.000 abortos provocados al día, lo que supone impedir ejercer su profesión a 100 mujeres científicas al día, de las cuales 18 serían católicas practicantes. La biología es una ciencia exacta que no admite interpretaciones inmateriales. Desde un punto de vista estrictamente materialista, al alcance de cualquiera que pueda leer este artículo, las científicas vienen al mundo como consecuencia de la fecundación humana. Todo el mundo está de acuerdo en que no parece estar España como para desperdiciar talento. El amplio abanico de ideologías que fomentan la presencia de la mujer en el mundo científico debería reflexionar sobre estos datos que comento que son hechos concretos. 

No se puede legitimar la muerte de un inocente’ dijo san Juan Pablo II en su visita a España en 1982, en el Paseo de la Castellana de Madrid. Yo lo escuché. La Revelación es palmaria al respecto: "Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado" ( Jeremías 1, 5);: "Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre" ( Salmo 139, 13) y: "El Señor me formó desde el seno materno para que yo fuera su servidor" ( Isaías 49, 5). También se lee «Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra» (Sal 139, 15). Todas estas citas son perfectamente compatibles con las ciencias biológicas, y con la realidad material de la venida al mundo de los seres humanos, científicas incluídas. La Palabra de Vida que Dios da cuando dice ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ incluye a quienes están en el seno materno, que además son los más inocentes. «No matarás» (Ex 20, 13) también les incluye, y se precisa “No quites la vida del inocente y justo” (Ex 23, 7).

Pronto la Iglesia Católica, depositaria de la Revelación, expresó su alineamiento con el respeto a la vida humana, posicionándose en contra de costumbres paganas de la época:

«No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido» (Didajé, 2, 2; cf. Epistula Pseudo Barnabae, 19, 5; Epistula ad Diognetum 5, 5; Tertuliano, Apologeticum, 9, 8). 

El Concilio Vaticano II, de acuerdo con las ciencias biológicas, expresó: «Dios [...], Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables» (GS 51, 3).

En el Catecismo de la Iglesia Católica ella expresa con claridad el aspecto moral del aborto provocado, en concordancia con los datos biológicos: 2272 La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC can. 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

No desfallezcamos, que a su tiempo cosecharemos. Pidamos a Dios misericordia para aquellos a los que no se les ha dejado ser dados a luz, pero sobre todo para quienes lo han impedido y para los que legislan a favor de que esto ocurra queriendo declarar como derecho el aborto provocado, y no dejemos de esforzarnos en esta Cuaresma de 2026 por dejar que el Espíritu Santo realice en nosotros el que, mirando más la viga de nuestro ojo que la paja en el ajeno, sigamos indicándoles a algunos las vigas que siguen sin ver, para que las vean, se las quiten y puedan ver.