El Papa ruega por el fin de las agotadoras guerras que castigan a tantos inocentes: "No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento"
En el Ángelus de este domingo, León XIV ha vuelto a pedir el fin de la guerra, un ruego que ya se repite durante demasiadas semanas, sin que las partes escuchen ni el llamado del Pontífice, ni la angustia de los que sufren
El Papa pide por el fin de la guerra
Madrid - Publicado el
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Otro domingo más, el mensaje del Papa León XIV se dirige hacia la paz en Oriente Medio. En estas condiciones en las que en Oriente Próximo, pero también en muchas otras partes del mundo como Sudán o República Democrática del Congo, las personas sufren, mueren, se empobrecen, enferman y son víctimas de la profunda injusticia que es la guerra que les inflige estas desgracias, a veces uno puede sucumbir a la impotencia, uno puede callar tras la enésima afonía después de desgañitarse en la indignación y en la pena de que, las guerras, siempre injustas y siempre con intereses espurios, golpeen con tanta fuerza a la dignidad humana, arrastrándola por el suelo, degradándola y mostrando una falta de respeto total por el regalo divino que es la vida y la condición humana.
Ante el riesgo de que los cristianos, como grandes defensores de la dignidad humana, callen pensando que su voz no va a ser escuchada, que su ruego no llegará a hacer mella en los que pueden parar la peligrosísima y truculenta escalada de violencia; el Papa León XIV insiste en su mensaje de paz "desarmada y desarmante". Él mismo lo explica, desde la sencillez, pero también desde la rotundidad de lo que no podemos permitir, pero que aun así sucede ante nuestros ojos: "No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas víctimas inocentes de estos conflictos, lo que les hiere, hiere a toda la humanidad. La muerte y el dolor provocado por estas guerras, son un escándalo para toda la familia humana y un grito hacia Dios. Renuevo con fuerzaq el llamamiento para perseverar en la oración, para que cesen las jhostilidades ys e abran caminos hacia la paz, basados en el diálogo sincero y en el respeto de la dignidad de cada ser humano", ha dicho el Pontífice desde la ventana de su residencia apostólica.
Un ruego contra el enquistamiento
El problema de terminar un conflicto es que nadie quiere ceder. Los mismos líderes, capataces y generales capaces de emprender una escalada de violencia, de muerte, de destrucción y de castigo a la población civil, con tal de alcanzar un objetivo comercial, político o, en definitiva y mejor dicho, con tal de aplacar su siempre ávida codicia de poder, son los mismos que deberían sentarse a una mesa para alcanzar una salida negociada, comprometida, fiable y duradera. Es decir, los mismos que hacen la guerra tienen el papel de ser garantes de la paz.
El escenario infernal al que nos arroja esta contradicción es que, la única opción para alcanzar la paz, es el aniquilamiento total e incondicional del enemigo. Lograr alcanzar una masacre o, en el mejor de los casos, que el enemigo entienda que se enfrenta a una masacre, para que se doblegue sin necesidad de derramar "demasiada" sangre. Es todo lo contrario de la paz desarmada y desarmante que defiende el Papa León XIV, es una paz que no merece ser llamada como tal, una paz basada en el miedo, en la opresión, condicionada por una rendición servil, por la docilidad y el seguidismo a una potencia o líder que acumula su poder en torno a la amenaza.
Por eso, cuando el aniquilamiento total del otro no se concreta, se produce el enquistamiento, es lo que ocurre en Ucrania, es lo que ocurre en Irán y en Oriente Próximo. Si la guerra no se decanta decisivamente, llegar a una solución pactada, alcanzar una paz realmente beneficiosa para todos, entenderse son utopías irrealizables. La situación actual con Irán haciendo daño desde el plano comercial, como respuesta a los bombardeos que han descabezado el dictatorial régimen teocrático que gobierna con puño de hierro el país, es un reflejo muy exacto del drama que vivimos. Un mundo sin respeto por la dignidad humana, donde la vida de los inocentes es la última cuestión relevante para los magnates de la guerra y la violencia. Aun así, permanecer callados, como dice el Pontífice, no puede ser una opción.