El obispo de Córdoba pide "que se conozca la verdad y que se haga justicia" durante el funeral de las víctimas del accidente de Adamuz
Jesús Fernández, obispo de la Diócesis, ha presidido en la Mezquita-Catedral la misa funeral por las 46 víctimas del accidente ferroviario de Adamuz y ha explicado que "todavía quedan muchas heridas por curar"
CÓRDOBA. 31-01-2026. El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, durante la misa funeral que se ha celebrado hoy sábado en la Mezquita-Catedral de Córdoba en memoria de las 46 personas fallecidas en el accidente ferroviario de Adamuz. EFE/ RAFA ALCAIDE
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"Buscar la verdad es también una forma de respeto a quienes han perdido la vida". Con esta afirmación, el obispo de Córdoba, Jesús Fernández, marcó el tono de la misa funeral celebrada este sábado en la Mezquita-Catedral de Córdoba en memoria de las 46 víctimas del trágico accidente ferroviario ocurrido el pasado 18 de enero en Adamuz a la que acudieron cerca de un millar de personas.
Un momento de la misa funeral que se ha celebrado hoy sábado en la Mezquita-Catedral de Córdoba en memoria de las 46 personas fallecidas en el accidente ferroviario de Adamuz
Desde el inicio de la celebración, presidida por el obispo diocesano y concelebrada por el obispo emérito Demetrio Fernández y el deán del Cabildo Catedralicio, Joaquín Alberto Nieva, Jesús Fernández quiso dirigir su primer saludo a los familiares de los fallecidos: “Queremos mostraros la cercanía, el afecto y el acompañamiento espiritual de toda la Iglesia y de todo el pueblo de Córdoba”.
el "consuelo prometido"
Durante su homilía, el obispo reflexionó sobre el sentido del sufrimiento inesperado y recordó que “la meta soñada por todo ser humano es la felicidad”, pero que cuando la vida se quiebra de forma abrupta “el viento se vuelve contrario y el dolor hace imposible creer que esa meta sea alcanzable”. En ese contexto, señaló que el llanto no es un signo de debilidad, sino “una de las puertas que dan acceso al consuelo prometido”, evocando las bienaventuranzas del Evangelio.
Fernández reconoció que el impacto de la tragedia ha ido mucho más allá del círculo cercano de las víctimas. “Muchos rostros se han cubierto de lágrimas, no solo los de familiares y amigos”, afirmó, al tiempo que invitó a buscar “alguna luz, algún rayo de esperanza” incluso en medio del dolor. Para el obispo, esa luz se sostiene en la fe y en la certeza de que el sufrimiento no tiene la última palabra.
Miembros de los cuerpos de seguridad y de bomberos durante la misa funeral que se ha celebrado hoy sábado en la Mezquita-Catedral de Córdoba en memoria de las 46 personas fallecidas en el accidente ferroviario de Adamuz
"Dios estaba allí"
En uno de los pasajes más emotivos de su intervención, recordó el momento del accidente. “Dios estaba allí, en medio de la noche, dando luz; en medio del dolor, dando alivio; y en medio de la muerte, dando vida eterna”, afirmó. A esa presencia unió la esperanza vivida por las familias en los primeros instantes tras el siniestro: “La esperanza de encontrar con vida a los suyos, la de la recuperación de los heridos y la de que los fallecidos hayan sido acogidos por el Padre en el Reino de los Cielos”.
Cuando el viento de la vida se vuelve contrario y la desgracia irrumpe sin aviso, el dolor parece hacerlo todo imposible pero, incluso entonces, Dios está presente, dando luz en medio de la noche, alivio en medio del sufrimiento y esperanza a quienes lloran.
Mientras seguimos obligados, por respeto a quienes han perdido la vida, a buscar la verdad y a hacer justiciaHomilía en la Misa funeral en memoria de las víctimas del accidente de Adamuz
El obispo tuvo también palabras de profundo agradecimiento para quienes participaron en las labores de rescate y atención. Destacó “el amor y la entrega” de los bomberos, Protección Civil, Guardia Civil, Policía Nacional y personal sanitario, así como la cercanía de los sacerdotes y la solidaridad mostrada por el pueblo de Adamuz y localidades cercanas. “Ese amor ha sido un consuelo real para muchas familias”, subrayó, reconociendo igualmente la labor de las administraciones públicas en la gestión y coordinación de la emergencia.
"Que se conozca la verdad y se haga justicia"
No obstante, Jesús Fernández recordó que el camino de duelo continúa abierto. “Todavía quedan muchas heridas por curar y mucho sufrimiento que aliviar”, advirtió, antes de insistir en la necesidad de esclarecer lo ocurrido: “Que se conozca la verdad y que se haga justicia no es solo una demanda legítima, es un imperativo ético ineludible”.
La ceremonia, acompañada por el Coro Polifónico de la Catedral, contó con la presencia de numerosas autoridades civiles y autonómicas, así como de miembros de las fuerzas de seguridad y de los equipos de emergencia que intervinieron tras el accidente. La asistencia masiva reflejó el carácter colectivo del duelo y la voluntad de la ciudad de no olvidar.
En su despedida, el obispo recordó que la Iglesia de Córdoba se siente llamada a acompañar a quienes sufren y a sostener la esperanza. Señaló la Eucaristía como “anticipo del Reino de los Cielos, donde irrumpen la vida plena, la justicia, el amor y la paz”, y encomendó a los fallecidos.