Las migraciones necesitan de "inclusión y acogida": "Detrás de cada cifra hay una vida rota"

El arzobispado de Madrid insiste en la necesidad de fomentar vías de desarrollo en los países de origen para garantizar el derecho "a no migrar"

Tiempo de lectura: 4’

La Iglesia sigue en primera línea en la acogida ante la realidad de la migración. Así lo han explicado esta mañana en el arzobispado de Madrid, donde ha presentado las claves para esta Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, poniendo el foco en la transformación de la sociedad, un desafío al que hay que responder con compromiso.

El derecho a no migar, la garantía de la libertad de cada persona a prosperar, es un derecho no tipificado, pero al que hay que aspirar trabajando precisamente en potenciar las estructuras de desarrollo en los países de origen. Mientras eso ocurre, hay que trabajar, y para ello desde la Iglesia madrileña se han puesto en marcha acciones concretas.


"Tenemos continuas llamadas de atención sobre noticias y tragedias que se vertebran en un escenario de complejidad y que son la punta de un iceberg de la complejidad del fenómeno migratorio: aumento de los cayucos en Canarias, terremoto en Marruecos, invasión en Ucrania, presión migratoria en Lampedusa… El Papa insiste en el mensaje de este año que lleva por título Libres de elegir si migrar o quedarse, en la importancia de la libertad de la persona". Así lo ha explicado José Manuel Aparicio, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, que ha profundizado en "el derecho a no tener que emigrar". Se trata de la medida más inteligente para la regularización de los flujos migratorios y en la única manera que haga de la migración una opción y no un último recurso. "Esto requiere una reflexión y un trabajo que permita orientar la fuerza de esta cultura del encuentro hacia escenarios de progreso y bienestar".

¿Una migración segura?

Hace 10 años, el 3 de octubre de 2013, se produjo un trágico naufragio frente a las costas de Lampedusa en el que murieron 368 personas. Aquella catástrofe humanitaria impactó en la sociedad, y dio pie a la puesta en marcha de diversas iniciativas políticas entre las que destacó el proyecto Mare Nostrum, de salvamento en el Mediterráneo, promovido por el gobierno italiano. "En tan solo un año, 160.000 personas fueron salvadas gracias a esta operación militar y humanitaria. Sin embargo, durante los últimos tres años se ha producido un progresivo debilitamiento de las actividades de auxilio en el mar por parte de Europa, hasta el punto de que a día de hoy no existe ninguna operación europea de salvamento en el Mediterráneo, y las naves humanitarias de ONGs muchas veces son objeto de campañas de descrédito y obstáculos burocráticos para su funcionamiento". Así lo ha explicado Tíscar Espigares, responsable de la Comunidad de Sant'Egidio en Madrid.

En lo que va de 2023 son ya 4.427 los migrantes fallecidos, y hay que tener en cuenta que estos son siempre datos por defecto. "Cuando se habla de migraciones muchas veces se utilizan tonos alarmistas o de emergencia. Durante los últimos años la Unión Europea ha privilegiado una política de defensa y externalización de fronteras, tratando las migraciones más como una cuestión de seguridad que como una cuestión humanitaria, y mucho menos como una oportunidad de desarrollo para los países tanto de origen como de destino de los migrantes; basta con tener en cuenta el descenso demográfico que cuestiona seriamente el futuro de muchos países europeos".

Europa carece de una visión y de una reflexión sobre un tema epocal como el de las migraciones. Hace falta diseñar vías legales y seguras de entrada para los migrantes, este sería el primer paso para un sistema estructurado de acogida e integración. Cuando la migración va acompañada de itinerarios de integración representa un poderoso motor de prosperidad del que podemos beneficiarnos todos: los migrantes y las poblaciones de los países de origen y de destino, como pone de manifiesto la experiencia de los Corredores Humanitarios puestos en marcha por la Comunidad de San Egidio y con los que ya han llegado a Europa de manera legal y segura 6.288 personas desde febrero de 2016.


Una sociedad justa e integradora

"No siempre respetuosos con los Derechos Humanos Para conseguir construir una sociedad justa e integradora no podemos olvidar el enfoque de los derechos". Ana Bosch, abogada de extranjería y responsable de las visitas a los CIE en Pueblos Unidos, ha asegurado que para que la persona pueda desarrollarse plenamente "necesita ser reconocida como sujeto social y abrirle la puerta a que pueda participar de la sociedad en la que convive, porque no podemos ignorar que compartimos barrios, escuelas e interés y necesidad en salir adelante".

Por tanto, "si no se reconoce derechos a estas personas, no podemos pretender exigirles responsabilidades. Es deber de las comunidades de destino convertirse en comunidades de acogida, debiendo trabajar necesariamente teniendo en cuenta los derechos que le son propios a todo ser humano para que sea posible construir sociedades inclusivas que hagan posible la convivencia". Los movimientos migratorios forman parte natural de la sociedad de hoy día, y por ello, "tenemos la responsabilidad de trabajar para crear estructuras jurídicas sólidas que garanticen y respeten los Derechos Fundamentales de todos: de quienes van, de quienes llegan y de quienes están solo de paso. Se trata de un asunto de justicia colectiva".

La Unión Europea "se creó sobre el sólido compromiso de promover y proteger los derechos humanos en todo el mundo, entendiendo que éstos deben estar en el centro de las relaciones entre todas las regiones. Sin embargo, en los últimos años parece que los valores de igualdad y libertad incluidas en todas las cartas constitucionales se han olvidado, encontrándonos políticas que van más encaminadas a construir fronteras en lugar de puentes, a identificar peligros en vez de oportunidades". "Hay que quitar las barreras administrativas que convierten en una carrera de obstáculos aspectos básicos de la vida como trabajar o ir al médico. La integración de las personas que llegan a Madrid o a España pasa por su reconocimiento como personas iguales y libres, de ciudadanos de derechos, de oportunidades a emprender un negocio, a estudiar, a trabajar y, sobre todo, a convivir. No es cuestión de caridad, es nuestra responsabilidad como conciudadanos hacerlo posible".


Mesa por la Hospitalidad

Con este panorama, en los últimos años, la Iglesia de Madrid ha puesto en marcha diferentes iniciativas en materia de acogida a personas migrantes: La Mesa por la Hospitalidad y la Delegación de Migraciones puso en marcha el proyecto de acogidas de emergencia a migrantes y refugiados. "Hasta el momento, más de 1.000 personas acogidas y acompañadas, pero tan importante o más que la cantidad, es lo dado y recibido", ha explicado Rufino García, delegado episcopal para la Pastoral de Movilidad Humana de la archidiócesis de Madrid. La experiencia que comparten todas las personas y entidades implicadas en este proyecto de encuentro y acogida es que "nos rejuvenece y nos revitaliza".


Pero más allá de las diferentes actividades que se realizan en este aspecto, "más importante que el cuánto es el cómo". Y en el cómo hay dos criterios fundamentales: "que la acogida y la hospitalidad sean de calidad y de calidez y que sean inclusivas, es decir que no sean para los inmigrantes, sino con los inmigrantes. Que ellos sean los protagonistas y los sujetos y no los meros destinatarios".

Religión