La esclavitud del siglo XXI se esconde en apartamentos: España registra más de 1.000 víctimas de trata en el último año

Marta Jiménez, directora de un centro de acogida de Cáritas, desvela en 'Mediodía COPE' el perfil de las víctimas y el 'modus operandi' de las redes de explotación

Redacción Religión

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La esclavitud no es un concepto del pasado; es una realidad presente y oculta en nuestro país. En el último año, las autoridades españolas han identificado a más de 1.000 víctimas de trata, una cifra que evidencia la magnitud de un delito que a menudo permanece invisible. Para analizar esta problemática, el programa ‘Mediodía COPE’, presentado por Pilar García de la Granja, ha contado con el testimonio de expertas que trabajan directamente con las supervivientes de esta lacra.

Marta Jiménez, directora Centro Fogaral de Zaragoza junto a Pilar García de la Granja

España, país de tránsito y destino

Fernando Guerrero, jefe de la brigada central contra la trata de la Policía Nacional, ha explicado en COPE las particularidades de este delito en nuestro territorio. Según Guerrero, España es un país tanto de destino como de tránsito. Esto significa que muchas mujeres "son traídas a España para transitar, estar un tiempo, y después irse hacia otras naciones de Europa", incluyendo países del este que antes eran emisores de víctimas y ahora son receptores.

A pesar de que la policía española es un referente mundial en esta lucha, las redes criminales innovan para dificultar su persecución. Uno de los cambios más significativos es el desplazamiento de la explotación sexual. "Se ha desplazado desde la calle y desde lo que conocíamos como burdeles clásicos, a apartamentos privados, lo cual invisibiliza mucho la trata", ha señalado Guerrero. El problema se agrava porque esta actividad se desarrolla con una gran movilidad, complicando aún más la localización y el rescate de las víctimas.

El engaño de una vida mejor

En el marco del Día de Santa Josefina Bakhita, patrona de las víctimas de trata, la Iglesia visibiliza iniciativas como el Centro Fogaral de Cáritas Diocesana de Zaragoza, que acompaña a estas mujeres. Su directora, Marta Jiménez, ha detallado en ‘Mediodía COPE’ el perfil de las víctimas. Se trata de mujeres que "querían cambiar, querían mejorar su vida", procedentes de países con "una pobreza estructural tremenda" y "mucha violencia hacia la mujer". Su único objetivo es buscar un futuro para ellas y sus hijos.

Es en esa situación de extrema vulnerabilidad donde aparecen los captadores. "Ahí es donde aparece la función de los ojeadores, que son aquellas personas que se dedican a ver a las mujeres en situación de vulnerabilidad y ganárselas", explica Jiménez. El método es el engaño: "Se les engaña a las mujeres diciendo que aquí van a encontrar maravillas, que luego no es así". Una vez en España, la promesa se rompe y la realidad emerge con brutalidad. Tras generar una deuda por el viaje, los captores les confiesan: "Todo esto que te hemos dicho, pues no es así, lo que te hemos traído aquí es para explotarte sexualmente".

Reponer todo lo que se ha roto

El Centro Fogaral, en funcionamiento desde 1988, se ha convertido en un referente en Zaragoza gracias al "boca a oreja". La labor de sus profesionales, como ha descrito su directora, se centra en "reponer todos los daños que han sufrido, porque han sido víctimas de muchas situaciones de violencia, de una deshumanización completa". Sin embargo, el primer paso es el más complejo: la detección. Las mujeres no llegan con un cartel que dice ‘soy víctima de trata’, por lo que las trabajadoras sociales deben realizar un diagnóstico preciso para identificar los indicios.

Uno de los aspectos más reveladores que ha compartido Marta Jiménez es el desconocimiento de las propias víctimas sobre su situación legal. "La mujer, normalmente, no sabe que ella ha sido víctima de un delito internacional", afirma. Entienden la violencia que padecen, pero no que están amparadas por la ley. Los tratantes se aprovechan de ello. "Los que cometen el delito ya se ocupan de decirles que ni se acerquen a la policía, porque la policía lo primero que va a hacer es expulsarlas, cuando no es así", añade.

Los últimos datos de la Comisión Europea indican que la trata se ha incrementado un 20% en la Unión Europea, una tendencia que han notado en el centro de Cáritas en Zaragoza. "Desde el 2020, ha ido a más, hay demasiadas mujeres siendo atendidas por servicios como el nuestro", lamenta Jiménez. El perfil de edad es variado. Hay chicas muy jóvenes, de 18 años o veintipocos, que en ese momento "son chicas que son muy objeto vendible", por lo que es difícil que pidan ayuda.

Las mujeres que finalmente acuden a centros como Fogaral suelen ser algo mayores, con edades comprendidas "entre 26, 27, 30 y pocos años". Es en esa etapa cuando, a menudo con hijos a su cargo, se dan cuenta de que están atrapadas en lo que la directora del centro describe como un "bucle imposible". Saben que acabarán en la prostitución, pero "la situación que se encuentra aquí es muy desgarradora", concluye Marta Jiménez, arrojando luz sobre una realidad que exige una respuesta contundente y coordinada por parte de toda la sociedad.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.