"Un Dios de vivos", Instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal Española

"Un Dios de vivos", Instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal Española
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La Asamblea Plenaria de los obispos españoles, celebrada el pasado mes de noviembre, aprobaba la instrucción pastoral Un Dios de vivos, sobre la fe en la resurrección, la esperanza cristiana ante la muerte y la celebración de las exequias, que hoy se ha dado a conocer. El documento de la Conferencia Episcopal recoge los retos pastorales y la situación actual en torno a la experiencia de la muerte y recoge la fe de la Iglesia en torno a la muerte, la resurrección y la vida eterna. El texto incide, también, en la importancia de acompañar en el momento de la muerte y en la celebración de las exequias cristianas, además de incorporar un Apéndice con unas orientaciones sobre los columbarios.
"UN DIOS DE VIVOS"
Instrucción pastoral sobre la fe en la resurrección, la esperanza cristiana ante la muerte y la celebración de las exequias
"Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo ha resucitado. Pero si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también nuestra fe; más todavía: resultamos unos falsos testigos de Dios, porque hemos dado testimonio contra Él, diciendo que ha resucitado a Cristo, a quien no ha resucitado… si es que los muertos no resucitan" (1 Cor 15, 13-15).
I.SITUACIÓN ACTUAL Y RETOS PASTORALES
a) El drama de la muerte
b) La percepción actual de la muerte
II.LA FE DE LA IGLESIA
a) Creemos que Cristo ha resucitado verdaderamente
b) Creemos en la resurrección de la carne
c) Creemos en la vida eterna
III.ACOMPAÑAR EN EL MOMENTO DE LA MUERTE
a) Acoger con la misericordia de Cristo
b) Proponer la fe de la Iglesia
IV. CELEBRAR LAS EXEQUIAS CRISTIANAS
a) La luz del Misterio Pascual
b) La cremación
María, modelo de fe en la prueba del dolor
Madrid, 18 de noviembre de 2020,
Dedicación de las basílicas de los santos Pedro y Pablo, apóstoles
Conferencia Episcopal Española
CXVI Asamblea Plenaria
APÉNDICE: Orientaciones sobre los columbarios
I. De la Instrucción Ad resurgendum cum Christo de la Congregación para la Doctrina de la Fe
II. De la Junta de Asuntos Jurídicos de la CEE
[1] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual "Gaudium et Spes", 18.
[2] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología (17 de mayo de 1979).
[3] Cf. Ibid.: "A nadie se le oculta la importancia de este último artículo del Símbolo bautismal: expresa el término y el fin del designio de Dios, cuyo camino se describe en el Símbolo".
[4] Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, Esperamos la resurrección y la vida eterna (1995), n. 1. Cf. LXXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, Instrucción pastoral Teología y secularización en España. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II (30-3-2006) 4: "La esperanza respecto a la vida del mundo futuro es constitutiva de la condición de cristianos. Se es cristiano precisamente por la fe en la resurrección de Cristo, principio y causa de nuestra propia resurrección (cf. 1 Cor 15, 21)"; Tertuliano, De resurrectione mortuorum 1, 1: "La esperanza de los cristianos es la resurrección de los muertos. Creyendo en ella somos tales".
[5] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual "Gaudium et Spes", 18.
[6] Cf. ibid., 10: "Mientras, por una parte, como criatura, experimenta que es un ser limitado, por otra se siente ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior".
[7] Ibid.
[8] Cf. Francisco, Homilía en la Misa en sufragio de los Cardenales y Obispos fallecidos durante el año (5 noviembre 2020): "El miedo humano de tener que morir ... del que nadie puede decir que es completamente inmune".
[9] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual "Gaudium et Spes", 10.
[10] Ibid., 18.
[11] Un testimonio significativo puede ser el del judío sefardí Primo Levi "Si existe Auschwitz es que no puede haber Dios". En la literatura contemporánea encontramos también algunos personajes que encarnan el ateísmo que tiene su origen en el sufrimiento. En La peste de Albert Camus, "la muerte del hijo del juez Othon encarna el silencio de Dios; el milagro pedido por el P. Paneloux no se realiza, y el niño muere. Rieux declara entonces? que siempre rechazará una creación en que los inocentes son torturados. El sufrimiento de los inocentes: tal es el extremo más paradójico del problema del mal en el mundo" (Ch. Moeller, Literatura del siglo XX y cristianismo I, Madrid 1981, 82). Ibid, p. 116: "Una angustia nos queda: el hijo del juez Othon muere de la peste. Cuando Rieux dice al P. Paneloux: "Usted sabe muy bien que este era inocente", nuestro corazón le da la razón".
[12] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual "Gaudium et Spes", 19.
[13] Cf Ibid., 10.
[14] Cf. Ch. Moeller, Literatura del siglo XX y cristianismo I, 117: "(Comentando La Peste de A. Camus) Es preciso luchar contra el sufrimiento de los inocentes, como Rieux, pero también saber que la muerte no es un cataclismo definitivo. Es el envés del misterio de la unión con la Cruz? Ninguna religión, salvo la cristiana, da una explicación de él. Esta explicación es un misterio, pero un misterio encarnado en la persona misma del fundador de la religión cristiana, en Jesucristo".
[15] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual "Gaudium et Spes", 18.
[16] Ibid.
[17] Ibid.
[18] A. Camus, en El mito de Sísifo (Madrid 1985, 13, 15), hablando de la muerte, se asombra "ante el hecho de que todo el mundo viva como si nadie "lo supiese"", y habla del "consentimiento práctico y la ignorancia simulada", que nos lleva a vivir "con ideas que, si las pusiéramos a prueba verdaderamente, deberían trastornar toda nuestra vida".
[19] Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, Esperamos la resurrección y la vida eterna (1995).
[20] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1014: "La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte".
[21] Cabría preguntarse, no obstante, si esto realmente responde al deseo más profundo del corazón: "Cabe pensar que este deseo de hacer insensible el hecho de la muerte lleva en su seno un reconocimiento tácito de su trascendental importancia para la persona; con lo cual la indiferencia habitual ante la dimensión religiosa de la vida, tan frecuente entre los que así desean morir, no sería en el fondo sino una larvada evasión" (P. Laín Entralgo, El problema de ser cristiano, Barcelona 1997, 118).
[22] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1031: "La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados".
[23] Cf. San Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, n. 28-30; Benedicto XVI, Carta encíclica Spe salvi, sobre la esperanza cristiana.
[24] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología (17 de mayo de 1979); Traducción del artículo "carnis resurrectionem" del símbolo apostólico (2 de diciembre de 1983); Instrucción Ad resurgendum cum Christo (15 de agosto de 2016).
[25] Cf. LXXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, Instrucción pastoral Teología y secularización en España. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II (30-3-2006) 26-35, 40-41; Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, Esperamos la resurrección y la vida eterna (1995).
[26] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología (17 de mayo de 1979).
[27] La Comisión Teológica Internacional, en su documento del año 1992 titulado Algunas cuestiones actuales de escatología, abordó estas cuestiones que han entrado en el debate teológico.
[28] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 645, 999.
[29] El documento Biblia y cristología de la Pontificia Comisión Bíblica afirma que, "por su propia naturaleza, no puede ser probada a través de una constatación meramente empírica, ya que por ella Jesús se introduce en el ?mundo futuro?" (Biblia y cristología [1984], 1.2.6.2).
[30] Cf. J. Ratzinger, Obras completas VI/1. Jesús de Nazaret. Escritos de cristología, BAC, Madrid 2015, 570ss.
[31] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 639.
[32] Ibid., n. 640.
[33] Ibid., n. 645, cf. también ibid., nn. 639-647.
[34] Ibid., n. 655.
[35] La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una aclaración sobre la traducción del artículo "carnis resurrectionem" del Símbolo apostólico (14 diciembre 1983), afirmando que la traducción "resurrección de la carne" es preferible a "resurrección de los muertos", sin que eso implique afirmar que hay razones doctrinales o que esta no sea una expresión adecuada de la fe. De hecho, entre las fórmulas magisteriales usadas en la tradición de la Iglesia se encuentran también la de resurrección de los "cuerpos" (DS 76) y la resurrección de los "muertos" (DS 150). Todas ellas son expresiones plenamente legítimas y justificadas.
[36] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología (17 de mayo de 1979).
[37] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual "Gaudium et Spes", 22; Tertuliano, De carnis resurrectione VI, 3.
[38] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual "Gaudium et Spes", 14.
[39] Ibid.
[40] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 365: "La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la "forma" del cuerpo; es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza".
[41] Cf. San Ireneo, Adversus haereses V 2 3: Los hombres "dando cabida al Verbo de Dios se vuelven eucaristía, a saber, cuerpo y sangre de Cristo: así también nuestros cuerpos, alimentados por ella y enterrados y disueltos en tierra, se levantarán en su tiempo con el despertar que graciosamente les otorgue el Verbo de Dios para gloria de Dios Padre". Cf. también Francisco, Audiencia general (4 diciembre 2013): "Y esta transformación, esta transfiguración de nuestro cuerpo se prepara en esta vida por la relación con Jesús, en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía".
[42] Cf. Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, Esperamos la resurrección y la vida eterna (1995), donde se trata con más amplitud esta cuestión.
[43] Cf. Tertuliano, De resurrectione mortuorum, 34, 3: "¡Qué indigno sería de Dios llevar medio hombre a la salvación!".
[44] Cf. Santo Tomás de Aquino, Super primam epistolam ad Corinthios, c. 15, lectio 2, n. 924: "En el alma separada se da un apetito del cuerpo, o sea, de la resurrección".
[45] Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Spe salvi, 46: "Para salvarse es necesario atravesar el "fuego" en primera persona para llegar a ser definitivamente capaces de Dios y poder tomar parte en la mesa del banquete nupcial eterno". Cf. también ibid., 47s.
[46] Cf. Benedicto XII, Bula Benedictus Deus, DS 1000.
[47] San Agustín no olvida las palabras de su madre santa Mónica en el lecho de muerte, cuando dice a los que la acompañan: "Depositad este cuerpo mío en cualquier sitio, sin que os dé pena. Solo os pido que dondequiera que estéis, os acordéis de mí ante el altar del Señor" (Confesiones, IX, 11, 27).
[48] Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Spe salvi, 48: "Mi intercesión en modo alguno es algo ajeno para el otro, algo externo, ni siquiera después de la muerte. En el entramado del ser, mi gratitud para con él, mi oración por él, puede significar una pequeña etapa de su purificación. Y con esto no es necesario contar el tiempo divino en términos de tiempo terrenal: en la comunión de las almas queda superado el simple tiempo terrenal".
[49] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1001.
[50] Cf. ibid., n. 996.
[51] Cf. Concilio XI de Toledo, DH 540; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 992-996.
[52] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1000.
[53] Cf. Inocencio III, Carta Eius exemplo al arzobispo de Tarragona: "Creemos de corazón y confesamos oralmente la resurrección de esta carne que llevamos y no de otra" (DS 797).
[54] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual "Gaudium et Spes", 18
[55] San Agustín, Carta 130 a Proba, 11: CSEL 44, 63.
[56] Santo Tomás de Aquino, Exposición del Símbolo de los Apóstoles, esto es del Credo, en Opúsculos y Cuestiones Selectas IV (BAC, Madrid 2007), 1019-1021.
[57] Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Spe salvi, 10-11.
[58] Cf. Francisco, Ángelus (10 noviembre 2013): "En Jesús Dios nos dona la vida eterna, la dona a todos, y gracias a Él todos tienen la esperanza de una vida aún más auténtica que esta. La vida que Dios nos prepara no es un sencillo embellecimiento de esta vida actual: ella supera nuestra imaginación, porque Dios nos sorprende continuamente con su amor y con su misericordia".
[59] San Agustín, Carta 130 a Proba, 14: CSEL 44, 71.
[60] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1027. Cf. San Agustín, Carta 130 a Proba, 15: "[La vida eterna] consiste en aquella paz que sobrepasa toda inteligencia".
[61] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Placuit Deo a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la salvación cristiana (22 de febrero de 2018), n. 12: "La mediación salvífica de la Iglesia, "sacramento universal de salvación", nos asegura que la salvación no consiste en la autorrealización del individuo aislado, ni tampoco en su fusión interior con el divino, sino en la incorporación en una comunión de personas que participa en la comunión de la Trinidad".
[62] Cf. San Agustín, Carta a Proba, 15; cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Spe salvi, 10-15.
[63] Ibid., 14.
[64] Santo Tomás de Aquino, Exposición del Símbolo de los Apóstoles, esto es del Credo, en Opúsculos y Cuestiones Selectas IV (BAC, Madrid 2007), 1019-1021.
[65] Cf. San Cipriano De Cartago, Tratado sobre la muerte, c.18, 24: "Rechacemos el temor a la muerte con el pensamiento de la inmortalidad que la sigue. Demostremos que somos lo que creemos"; San Ambrosio, Sobre la muerte de su hermano Sátiro, l. 2, 40: "Vemos que la muerte es una ganancia y la vida un sufrimiento? En efecto, la vida del hombre, condenada por culpa del pecado a un duro trabajo y a un sufrimiento intolerable, comenzó a ser digna de lástima: era necesario dar fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida había perdido. La inmortalidad, en efecto, es más una carga que un bien si no entra en juego la gracia".
[66] En este mismo sentido se expresaba santa Teresa de Jesús: "Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero" (Obras completas, BAC, Madrid 1972, 502).
[67] Cf. Concilio de Trento, Decreto sobre la justificación del pecador, c. 16: "Y por tanto, a los que obran bien "hasta el fin" y que esperan en Dios, ha de proponérseles la vida eterna, no solo como gracia misericordiosamente prometida por medio de Jesucristo a los hijos de Dios, sino también "como retribución" que por la promesa de Dios ha de darse fielmente a sus buenas obras y méritos" (DH 1545).
[68] Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Spe salvi, 47.
[69] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1033-1036; Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, Esperamos la resurrección y la vida eterna (1995), nn. 27-29.
[70] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1037.
[71] Cf. Ibid., n. 2091-2092.
[72] Francisco, Audiencia general (4 de diciembre de 2013).
[73] Ibid.
[74] Ibid.: "La vida eterna comienza ya en este momento, comienza durante toda la vida, que está orientada hacia ese momento de la resurrección final. Y ya estamos resucitados, en efecto, mediante el Bautismo, estamos integrados en la muerte y resurrección de Cristo y participamos en la vida nueva, que es su vida".
[75] Cf. San Ambrosio, Tratado sobre el bien de la muerte, c. 4, 15: "El Señor, pues, quiso morir y penetrar en el reino de la muerte para destruir con ello toda la culpa".
[76] Cf. Francisco, Bula Misericordiae vultus, n. 7
[77] Cf. Francisco, Homilía en la Santa Misa por los difuntos y oración en el Cementerio Teutónico (2 noviembre 2020): "Nosotros nunca podremos alcanzar la esperanza con nuestras propias fuerzas. Tenemos que pedirla. La esperanza es un don gratuito que nunca merecemos: se nos da, se nos regala. Es gracia".
[78] Cf. San Juan Pablo II, Carta apostólica Salvifici doloris n. 15; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1006-1009.
[79] Ritual de exequias, orientaciones doctrinales y pastorales del episcopado español, n. 65.
[80] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología (17 de mayo de 1979).
[81] Cf. Concilio de Trento, Decreto sobre la justificación del pecador, cap. 9 (DH 1534).
[82] Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, Esperamos la resurrección y la vida eterna (1995), 3; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1036: "Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar su libertad en relación con su destino eterno".
[83] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción "Ad resurgendum cum Christo" (15 de agosto de 2016), n. 3.
[84] Ibid. Cf. también Ritual de exequias. Orientaciones doctrinales y pastorales del episcopado español, n. 9: "La Iglesia deposita el cuerpo del difunto en las entrañas de la madre tierra, como el agricultor siembra la semilla en el surco, con la esperanza de que un día renacerá con más fuerza, convertido en cuerpo transfigurado y glorioso".
[85] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción "Ad resurgendum cum Christo" (15 de agosto de 2016), n. 3.
[86] Ibid. Cf. también, Francisco, Ángelus (2 noviembre 2014): "El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios son testimonios de confiada esperanza, arraigada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana, puesto que el hombre está destinado a una vida sin límites, cuya raíz y realización están en Dios".
[87] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción "Ad resurgendum cum Christo" (15 de agosto de 2016), n. 4.
[88] Ibid., n. 5.
[89] Cf. Ritual de exequias. Orientaciones doctrinales y pastorales del episcopado español, n. 16.
[90] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la sagrada liturgia "Sacrosanctum Concilium", 81.
[91] San Juan Pablo II, Carta apostólica Vicesimus quintus annus en el XXV aniversario de la Constitución sobre la sagrada liturgia, n. 6.
[92] Ritual de exequias. Observaciones generales previas (praenotanda), n. 1.
[93] Cf. CIC c. 1177.
[94] Cf. Ritual de exequias, libro VI, cap 7.
[95] Cf. ibid. Observaciones generales previas (praenotanda), n. 7. De hecho, se excluye la celebración de las exequias en su forma típica, que incluye tanto la procesión desde la casa a la iglesia como de la iglesia al cementerio.
[96] Cf. CIC, c. 1242.
[97] Cf. CIC, c. 1239, § 2.
[98] Cf. CIC, c. 1207. Teniendo en cuenta que el rito contenido en el Bendicional para los cementerios no se ajusta totalmente a la realidad de estos lugares, pues no están destinados a la inhumación, mientras no exista un rito propio para la bendición de los columbarios, habrá de ser convenientemente adaptado.
[99] Francisco, Angelus (5 abril 2020).





