Domingo de alegría

Domingo de alegría
Publicado el - Actualizado
2 min lectura
Mons. Gerardo Melgar Esta ha sido nuestra historia y nuestro recorrido desde que comenzamos el Adviento:
El primer domingo se nos invitaba a estar despiertos, vigilantes:
El Segundo domingo recibíamos la "llamada" a preparar positivamente el camino al Señor, allanando e igualando todo lo que esté demasiado bajo o demasiado alto, enderezando todo lo torcido para convertirlo en recto y ser voz que anuncia a los demás desde la vida y el testimonio la llegada del salvador; poniendo nuestra vida, voz y testimonio al servicio del anuncio del mensaje salvador que Él nos trae.
En este tercer domingo se nos urge a que concretemos nuestra preparación, la preparación de ese camino que es nuestra vida para que el Señor pueda llegar a nosotros.
Este tiempo de Adviento y de espera del salvador no es tiempo de teorías, es tiempo de actuar, de cambiar nuestra vida para que podamos recibir al Señor que vino hace 2019 años, que quiere venir a nosotros y nacer en nosotros hoy y que vendrá un día glorioso al final de los tiempos.
Por eso todos y cada uno de nosotros debemos preguntarnos como aquellos que acudían a Juan para concretar su compromiso: ¿Y nosotros que tenemos que hacer?
¿Qué tenemos que hacer y cómo hemos de hacerlo?
El Mundo en que vivimos es un mundo triste:
Nosotros hemos de impactar por nuestra alegría, viviendo nuestra fe con verdadera alegría no con cara avinagrada, ni como a quien no le queda más remedio que vivirla y lo lleva como puede.
Nuestra vida cristiana debe producir en nosotros la alegría de mi entrega, la alegría de mi vocación y alegría de vida porque estamos viviendo lo que el Señor nos pide.
Por otra parte tenemos una razón muy importante para estar alegres: el Señor viene a nuestro corazón y a nuestra vida. El señor está cerca, preparemos con alegría su venida.
Este tercer domingo de Adviento es el domingo de la alegría. Vivamos nuestra vida con alegría cristiana y preparemos todo lo necesario en nosotros para que el Señor pueda llegar a nosotros y salvarnos.
+ Gerardo Melgar
Obispo de Ciudad Real





