El bautismo de Jesús

El bautismo de Jesús

Agencia SIC

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Mons. Gerardo Melgar El bautismo de Jesús es un acontecimiento que tiene una importancia capital en la vida del Señor. Es el momento en el que ter­mina su vida callada y familiar y que señala el momento de inaugurar Jesús su vida pública, y de cumpli­miento de la misión que el Padre le había encomendado.

n el bautismo de Cristo apare­cen algunos elementos significativos: Aparece la misión de Cristo como en­viado del Padre, confirmada con sus propias palabras: "Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco"

Él es el enviado del Padre que vie­ne con una misión concreta recibida del mismo Padre, que es mostrar a los hombres el verdadero rostro de Dios, como padre bueno y misericor­dioso, capaz de compadecerse de las miserias humanas y ofrecer al hom­bre la salvación.

Además, aparece el Espíritu Santo en forma de paloma, que en el mo­mento del bautismo se posa sobre su cabeza, indicando que Cristo es el Un­gido de Dios, y que le va a acompañar a lo largo de la realización de su mi­sión. Así cumplirá la profecía de Juan el Bautista, cuando decía: "Yo os bau­tizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Es­píritu Santo y fuego" (Mt 3,11).

El bautismo de Jesús nos recuerda nuestro propio bautismo y tiene la misma significación:

También para nosotros los cristia­nos el bautismo es un acontecimiento muy importante de nuestra vida cris­tiana, del que arranca toda la identi­dad y misión del auténtico discípulo y seguidor de Jesús.

Por el bautismo el ser humano lle­ga a ser hijo de Dios y miembro de su cuerpo que es la Iglesia, miembro de la gran familia de los hijos de Dios.

También, como Cristo, el cristia­no en el bautismo por medio de sus compromisos bautismales recibe una misión importante a hacer realidad en su vida: vivir como hijo de Dios y ser testigo ante el mundo, ante los demás, de su filiación divina y de su pertenencia a la gran familia de los hijos de Dios que es la Iglesia.

Lo mismo que en Cristo, en el momento del bautismo aparece el Espíritu Santo, también en nuestro bautismo recibimos el Espíritu Santo que nos unge y nos acompaña siem­pre a lo largo de nuestra vida en el cumplimiento de nuestra misión como hijos de Dios y como miembros de la Iglesia.

La cele­bración de la fiesta del baut i smo de Jesús nos recuer­da y actualiza la realidad de nuestro bautismo. Nos recuerda nuestra iden­tidad de hijos de Dios y nos llama a que revisemos cómo estamos viviendo esta realidad y esta identidad nuestra como hijos de Dios. Nos recuerda y llama a que revisemos los compromi­sos del bautismo y del cumplimiento de nuestra misión de ser testigos de Cristo y de la Iglesia donde quiera que estemos y en cualquier circunstancia que nos toque vivir.

El bautismo de Jesús y el recuer­do de nuestro bautismo nos urgen a que renovemos en nosotros los com­promisos que adquirimos en nuestro propio bautismo de vivir como ver­daderos hijos de Dios y como miem­bros vivos y activos de la Iglesia.

Vivamos esta celebración de hoy del bautismo de Jesús recordando y renovando nuestro propio bautismo y haciendo refrescar en nosotros los compromisos que adquirimos como bautizados de vivir desde la fe y de ser testigos de esa misma fe en me­dio del mundo y de la Iglesia para que podamos ayudar y estimular a otros en la vivencia y en el testimo­nio de dicha.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

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