Vivir en el horizonte de la Pascua

Vivir en el horizonte de la Pascua

Agencia SIC

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Mons. Francisco Conesa Queridos diocesanos: En el tiempo de Cuaresma la Iglesia nos hace una llamada fuerte a romper la dinámica de destrucción que supone el pecado. La Cuaresma es tiempo de conversión, de cambio, de plantearnos nuestra vida con sinceridad, de pedir perdón a Dios por nuestro egoísmo y por los

muchos ídolos que veneramos, por nuestras caídas e infidelidades.

no de los prefacios de Cuaresma nos dice que en este tiempo el Señor nos concede "anhelar año tras año la solemnidad de la Pascua". El Papa Francisco, en su Mensaje para la Cuaresma, nos pide"vivir en el horizonte de la Resurrección" y mirarlo todo con los ojos de la Pascua. Para celebrar el misterio pascual en plenitud, debemos vivir este tiempo con un deseo de ser renovados interiormente. Mediante el arrepentimiento y el perdón, puede ser restaurado nuestro rostro y nuestro corazón y así podremos vivir toda la riqueza de gracia del misterio pascual.

La Pascua es fiesta para cada uno de nosotros, porque nos da la posibilidad de vivir como hijos de Dios, lo que nos llena de vida. En el Pregón de la noche de Pascua diremos que somos arrancados del pecado, restituidos a la gracia y agregados a los santos. El bautismo y la Eucaristía nos permiten celebrar la Pascua, ser transformados por Cristo y poner toda nuestra vida bajo el dinamismo de la Pascua.

Es fiesta también para todos los hombres. A toda la humanidad debe alcanzar el mensaje de que la vida tiene la última palabra, de que el amor vence al mal y a la muerte, de que vale la pena gastar la vida por los otros. Es posible romper la lógica egoísta, que lleva a buscarse sólo a sí mismo, y vivir en comunión con los demás. En el horizonte de la Pascua, el otro es un don para mí.

Pero también la creación puede vivir en el horizonte de la Pascua. También la creación quiere "celebrar la Pascua", abrirse a la esperanza de pasar de la actual forma de existencia, que es transitoria, a la forma definitiva. La resurrección de Cristo no sólo garantiza la inmortalidad de nuestras almas, sino que quiere abrazar toda la tierra, todos los seres. Todo el mundo está llamado a la resurrección; el cosmos será liberado también de la muerte. La tierra y la historia serán transfiguradas.

En nuestras manos está romper la dinámica de ruptura provocada por el pecado. Con la ayuda de la gracia el hombre puede vivir en comunión consigo mismo, con los demás seres humanos y con la creación. Entonces estaremos preparados para celebrar en plenitud el misterio de Pascua.

? Francesc Conesa Ferrer

Bisbe de Menorca