La Vigilia Pascual (2): pregonar la Resurrección de Cristo!

La Vigilia Pascual (2): pregonar la Resurrección de Cristo!

Agencia SIC

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Mons. Joan E. Vives Para vivir el tiempo pascual, os propongo ir recordando y reviviendo la gran celebración de la Vigilia Pascual, expresión del misterio de la fe que estamos celebrando durante toda la Pascua. Hoy os propongo avanzar profundizando en un aspecto: el significado del Pregón pascual, o canto de alegría del "Exultet".

Tras dejar en el candelabro el Cirio pascual encendido, que ha presidido la procesión de entrada de todo el Pueblo de Dios que el Cirio encabezaba, el diácono "canta" o proclama un texto antiquísimo, poéticamente insuperable, que anuncia la Pascua a los cristianos y a todo el mundo. Un pregón conocidísimo que comienza diciendo: "Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la victoria de Rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación…" Es uno de los himnos más antiguos de la tradición litúrgica romana, del que se tienen testimonios desde los siglos IV y V. Es un canto lleno de poesía y de lirismo, así como también de alta teología, que escuchamos de pie con las luces encendidas. Resalta la caída del hombre, las tinieblas y la esclavitud en que por su causa fue sumida la humanidad, la Redención obrada por Jesucristo y la gloriosa Resurrección. Y hay que cantarlo con el entusiasmo que contagie la alegría en la asamblea de los fieles en esta noche santa.

El Pregón va cantando, a la manera de un prefacio, que Cristo ha pagado por nosotros el rescate, que Él es el Cordero inmolado. Y agradece la noche santa que recuerda la pascua antigua de liberación, la noche iluminada por el fuego que nos guía, la noche que devuelve la alegría a los tristes, la noche en que Cristo ha subido desde los infiernos, "la nochetan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino"… Y hasta se atreve a proclamar "feliz la culpa(¡o felix culpa!) que mereció tal Redentor". La Pascua da una mirada nueva sobre la noche y las tinieblas de la humanidad, sobre la culpa del primer Adán que nos ha merecido recibir al nuevo Adán, Cristo. Mirada agradecida de la historia de la salvación que ha hecho que Dios viniera a redimirnos y a recrearnos por el Espíritu Santo. El Papa Francisco recientemente comentó: "A veces la oscuridad de la noche parece penetrar el alma; a veces pensamos que, ‘ya no hay nada que hacer’, y el corazón ya no encuentra la fuerza de amar… Pero en aquella oscuridad, Cristo enciende el fuego del amor de Dios: un resplandor rompe la oscuridad y anuncia un nuevo comienzo, algo recomienza en la oscuridad más profunda. Sabemos que la noche parece aún más profunda y más oscura poco antes de que comience el día. Pero en aquella oscuridad, es Cristo el que vence y quien enciende el fuego del amor (…) En esta noche santa, la Iglesia nos entrega la luz del Resucitado (…) Como cristianos estamos llamados a ser centinelas de la mañana, que saben discernir los signos del Resucitado, como hicieron las mujeres y los discípulos corriendo hacia el sepulcro al amanecer del primer día de la semana".

Con los cirios encendidos, escuchando con alegría interior el canto del Exultet -el pregón pascual-, captemos y agradezcamos nuestra vocación a ser cantores y profetas de Dios, en medio de un mundo necesitado de alegría verdadera y de belleza. El Pregón pascual nos da las palabras: alegría verdadera, pecado perdonado, redención misericordiosa, noche transparente que se ha iluminado por la Luz de Cristo, victoria de nuestra fe. ¡Debemos ser en toda circunstancia cantores de un cántico nuevo de alabanza, cantores del amor de Cristo, que vence la noche y la oscuridad!

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell