Verano del Año de la Fe: Venid y descansad!

Verano del Año de la Fe: Venid y descansad!

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Mons. Joan E. Vives Ahora que vienen estos meses de ritmo diferente en la vida personal y de familia, en el trabajo ?los que tienen?, quizás de algún viaje, y de encuentros en los pueblos de origen, cuando todo nos invita a la revisión de lo que estamos viviendo y haciendo, para programar con mayor realismo el nuevo curso, yo os invito a aprovechar el tiempo de verano del Año de la Fe para el reposo. Vivimos en un mundo que no para ni reposa nunca, y eso se nos incrusta. Os recomiendo que vayamos a Jesús, humildes y solos, y que reposemos en Él bien amigablemente. Recordemos las palabras evangélicas: "Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco" (Mc 6,30-31). Con tantos reclamos, no nos queda mucho tiempo para cuidar de nosotros mismos, de cuidar de nuestra fe. Y la fe hay que cuidarla, con la oración, el silencio y la lectura asidua de la Palabra de Dios. En el Año de la Fe el consejo de Jesús aún se hace más urgente: "¡Venid y descansad!"

Conviene que nos organicemos el verano, ya que las vacaciones no son un tiempo para no hacer nada, o no planificar nada… sino un tiempo para descansar y para poder llevar a cabo otras actividades que no se pueden hacer en la vida ordinaria y que nos hacen crecer como personas y como cristianos. Las buenas vacaciones son las que aportan vivencias diferentes al desenfreno que "la mundanidad" propone. Saber encontrar tiempo para nosotros mismos y para el próximo: tiempo de pensar, de orar, de leer un buen libro, de hacer deporte, de prestar algún servicio o ayudar a alguien, de atención y diálogo con la familia, contemplar la naturaleza, y sobre todo de admirar las cosas buenas que tiene nuestra propia familia y los amigos, sin detenernos en las deficiencias que conocemos de sobras… Tiempo para agradecer la fe y tiempo para la gratuidad, para ser más que para hacer. ¡El verano tiene que ser tiempo de agradecimiento!

Vamos a Jesús. Habrá que buscar momentos de oración, reflexión y revisión de la tarea realizada, más como acción de gracias por la "visita" de Dios, por las vidas de los que frecuentamos y por las nuestras, que no por encontrar faltas y quedar insatisfechos. De faltas siempre habrá, habrá que reconocerlas con humildad y rectificar, pero el verano debe ser tiempo de acción de gracias, de repaso en el corazón de personas, acontecimientos, encuentros que nos han llenado, que han hecho darnos cuenta de que el Señor estaba muy cerca de nosotros. "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo" (Lc 15,31), nos dice también el Padre misericordioso…

Reposemos en el Señor. Dejemos en él todo desazón, todo reproche, todo cansancio, para reposar al menos algunos días "como un niño en brazos de su madre, com un niño saciado así está mi alma dentro de mí", como reza el salmista (Sal 131,2). El reposo auténtico sólo lo encontramos cuando nos sabemos abandonar, llenos de confianza, en Jesucristo: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí" dice Jesús (Mt 11,28). Él nos curará las heridas, nos aumentará la fe y restaurará nuestro fervor. ¡Abandonémonos a sus manos y pongamos en Él toda nuestra esperanza!

¡Dejémonos guiar por el Espíritu Santo, que nos atraerá hacia Cristo, hacia el amor siempre más grande. Feliz reposo, y feliz verano!

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell