Tiempo de espera y de esperanza

Tiempo de espera y de esperanza

Agencia SIC

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Mons. Gerardo Melgar Comenzamos en este do­mingo el tiempo litúrgi­co del Adviento.

l Adviento es el tiempo de la espera de la acción divina, la espera del gesto de Dios que viene hacia nosotros y que reclama nuestra acogida desde la fe y el amor.

uestra espera en el Adviento no es la espera de los hombres y mujeres de la Antigua Alianza, que no habían recibido aún al Salvador; nosotros ya hemos conocido su venida hace dos mil diecisiete años en Belén. La ve­nida histórica del Señor Jesús en la humildad de nuestra carne, deja en nosotros el anhelo de una venida más plena. Por eso el Adviento cele­bra una triple venida del Señor:

Estas tres venidas celebramos en el Adviento gradualmente y así van apareciendo en las lecturas de la Pa­labra de Dios en la Eucaristía.

El Adviento no es solo la espera de un acontecimiento, es sobre todo la espera de una persona. Es la espera de un Dios que irrumpe en la histo­ria de la humanidad por amor, para ofrecernos la salvación por Jesucris­to, que se hace uno de nosotros para que nosotros lleguemos a ser hijos de Dios, y que nos da la oportunidad de poseer un día la plena, definitiva y eterna salvación si permanecemos en vela, si nos mantenemos fieles vi­viendo en el amor, mientras espera­mos su vuelta definitiva.

Es, por tanto, una espera acti­va, fecunda, de respuesta de amor al amor de Dios, de compromiso en la tarea de renovar el mundo con la ayuda de Dios, logrando hacer de él un cielo nuevo y una tierra nueva en la que habita la justicia, en espera de la salva­ción plena y definiti­va, cuan­do Cristo entregue al Padre su reino eterno y universal (cfr. 2 Cor 5, 2; 2P 3, 13)

El Adviento es, pues, un tiempo muy importante para renovar nues­tra fe, para vivir nuestro compro­miso de transformar nuestra vida y nuestro mundo según el plan de Dios, de mantenernos en vigilancia activa, porque este Dios que se acer­ca a nosotros, que se hace uno de no­sotros, volverá lleno de gloria y ma­jestad y ha de encontrarnos firmes en la fe, trabajando por la extensión de su Reino y sembrando en el corazón del mundo y de todos los hombres el amor que Él vino a implantar en la tierra.

Vivamos este tiempo de esperan­za preparando nuestra vida para aco­ger al Señor, que ya ha venido, pero tal vez aún no lo hemos recibido, y preparando nuestra vida viviendo el estilo que Él nos ha traído; para que, el Señor, cuando venga, nos encuen­tre en vela y con las lámparas encen­didas de la fe y de la esperanza en Él.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real