¿Somos esperanza para los pobres?

¿Somos esperanza para los pobres?

Agencia SIC

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"La esperanza de los pobres no se frustrará nunca". Palabras escritas en la Biblia, salmo 9,19, y que encabezan el mensaje del papa Francisco en la III Jornada Mundial de los Pobres, donde dice que expresan una verdad profunda que la fe consigue imprimir sobre todo en el corazón de los más pobres, que es devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida. Sin embargo, ¿a quién debemos devolver esa esperanza perdida en el corazón de nuestros ambientes cotidianos? ¿Quiénes son y dónde están los pobres entre nosotros? ¿Somos cada uno de nosotros un motivo de esperanza para ellos? Las macropobrezas de alcance mundial son el resultado de las macroriquezas que también hay, pero a menudo nos cuesta entender que entre nosotros hay quien sufre y parece irreversible su situación por la forma en que se organiza la sociedad en la que vivimos.

Los últimos informes sobre la pobreza entre nosotros nos presentan un panorama que interpela nuestro comportamiento y los compromisos colectivos que no podemos esquivar. Las Islas Baleares forman parte de las comunidades con más exclusión social. El precio de la vivienda desplaza el eje de la pobreza y pone en situación de extrema necesidad a seis millones de españoles de clase media. Hay un millón de excluidos más que antes de la crisis que comenzó en 2007. Esto no solo afecta a la falta de ingresos en las familias o sus carencias materiales, sino también a las situaciones de soledad, las relaciones sociales conflictivas o la dificultad para acceder a los derechos básicos como el trabajo, la vivienda, la educación y la participación política. Los más expuestos a una pobreza en aumento son las familias, los niños y los jóvenes.

¿Cómo ser agentes de esperanza para los más pobres? Además del deber de detectar estas pobrezas, entre nosotros ya muy severa, y de valorar positivamente lo que desde instituciones de Iglesia como Cáritas y otras se hace, hoy se nos pide una actuación valiente de trabajo eficaz y de denuncia, ya que buena parte de la solución pasa por nuestra responsabilidad ciudadana. Tenemos que cambiar las actitudes de acaparamiento y desperdicio por las de generosidad y solidaridad, optando por formas más sencillas de vida llenas de los valores evangélicos que Jesús nos propone. En esta Jornada se nos hace una llamada de acercamiento a la persona del pobre y de tantas nuevas pobrezas, así como atender las que nos afectan más de cerca. La calidad de una sociedad sana y solidaria pasa necesariamente por nuevas actitudes, nuevos planteamientos económicos y nuevas decisiones políticas que se pongan al lado del pobre y palien su situación. Y, en cuanto a todos, vencer la indiferencia y hacer gestos concretos de ayuda y sensibilidad social, para que sea cierto que la esperanza de los pobres nunca se frustrará porque nos habremos puesto de su parte.

+ Sebastià Taltavull

Obispo de Mallorca