En la Solemnidad de Pentecostés
En la Solemnidad de Pentecostés
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Mons. Gerardo Melgar Queridos diocesanos:
Celebramos en este Domingo la Solemnidad de Pentecostés, es decir, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. El acontecimiento de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles tuvo una transcendencia tan grande en la vida de los mismos que produjo en ellos un cambio radical en su manera de vivir, de pensar y de situarse: así, comienzan a entender todo lo que Jesús les había querido comunicar; siendo personas de bajo nivel cultural, comienzan a hablar en lenguas diversas, de tal manera que todos los que estaban presentes en Jerusalén, procedentes de distintas partes del mundo, oye hablar en su propia lengua; siendo hombres llenos de miedo (estaban en casa encerrados por miedo a los judíos) se lanzan a anunciar sin ningún miedo que Cristo está vivo, que ha resucitado y que ellos son testigos de este acontecimiento real porque han comido y bebido con Él después de su resurrección.
Este Espíritu que Cristo derramó sobre los apóstoles, es el mismo que ha estado y está presente en la Iglesia a través de los siglos; es el que ha hecho que, a pesar de las dificultades, pecados y peligros por los que la Iglesia ha pasado a través de los tiempos, siempre haya salido a flote (incluso haya salido reforzada) después de cada crisis.
Cada uno de nosotros hemos recibido el Espíritu el día de nuestro Bautismo pues fuimos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Este mismo Espíritu es el que recibimos de manera singular el día de nuestra Confirmación. Es este Espíritu el que nos ayuda a vivir comprometidamente nuestra fe, el que nos impulsa a dar testimonio de Jesús en medio de nuestro mundo. Jesús había prometido a los suyos que no nos dejaría huérfanos; por eso, envía al Espíritu que nos acompaña siempre y suscita en nosotros todas las obras buenas; ese Espíritu que nos ayuda a superar las dificultades y nos hace vivir el compromiso de ser seguidores del Señor y sus testigos en medio de la sociedad.
Pero no podemos olvidar que la presencia real del Espíritu Santo en la Iglesia y en cada uno de los que la formamos pide de nosotros dos actitudes fundamentales:
1. Por un lado, nos llama a contar con Él en nuestra vida cotidiana de forma práctica para vivir coherentemente nuestra fe. A Él le pedimos su ayuda para ser auténticos seguidores del mensaje salvador de Cristo: ¡abandonemos todos los miedos que a veces nos paralizan y seamos capaces de ser sus enviados donde quiera y con quien quiera que vivimos nuestra vida!
2. Por otro, nos pide ser dóciles a sus inspiraciones para dejarnos guiar por donde Él nos sugiera: sólo así estaremos seguros de ser buenos creyentes y auténticos testigos del Señor.
¡Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!
Vuestro Obispo,
+ Gerardo Melgar
Obispo de Osma-Soria