El silencio, el camino para el encuentro con Dios
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Mons. Francisco Gil Hellín En una ocasión leí esta frase en el libro de un gran autor: "Las cosas más grandes acontecen siempre en el silencio". Es verdad, en el silencio crecen las flores del campo y los árboles del bosque. En el silencio de las más altas montañas están las fuentes que originan los ríos. En el silencio continuado de su laboratorio, un científico descubre la penicilina y los mil fármacos que dan calidad a nuestra vida. En el silencio del seno de una madre se origina y crece un nuevo ser. En el silencio de una mirada limpia y prolongada de dos esposos enamorados hay mucho más mensaje que en tantísimas palabras inútiles o superficiales.
En la vida de Jesucristo, las cosas más grandes ocurrieron en el silencio más clamoroso. En el silencio de una noche y de una cueva del campo nació el Esperado de las naciones. En el silencio de un niño que juega como los demás y de un joven que trabaja como uno más, discurrieron treinta de los treinta tres años que vivió entre nosotros. En el silencio de la noche de Jueves Santo nos entregó el mayor de sus tesoros: su Cuerpo y Sangre eucarísticos. Y en el silencio sepulcral de la mañana de Resurrección realizó el acontecimiento que daba veracidad a su misión y fundamentaba la fe de todos los futuros creyentes en él.
También en nuestra vida el silencio debe ocupar un puesto importante. El silencio interior y el exterior. Es verdad que vivimos en un mundo de ruido, en el que las imágenes, las sensaciones, las noticias, los sobresaltos, el ir y venir siempre a contra reloj lo invaden todo. Si dejamos que este "mundo de ruido" entre en nuestro interior y se enseñoree de él, viviremos sumergidos en un clima que no nos dejará descubrir a las personas, percibir las necesidades más chirriantes, abrir los ojos del corazón al que sufre y percatarnos de quiénes somos, a dónde vamos y qué pretendemos con lo que hacemos.
En ese "clima de ruido" exterior e interior es imposible escuchar la voz de Dios, acoger su Palabra y responder a sus requerimientos. Benedicto XVI lo decía el pasado miércoles, enla Plazade san Pedro, al explicar su catequesis semanal sobre la dinámica de la palabra y el silencio que caracteriza la existencia terrena de Jesús, sobre todo enla Cruz. Decíael Papa: "El silencio tiene la capacidad de abrir a la profundidad de nuestro ser un espacio interior, para que Dios habite, para que permanezca en su Palabra, para que nuestro amor a Él penetre la mente, el corazón y alimente toda la existencia".
Recientemente él mismo ha sido un ejemplo para todo el mundo. Aunque sobre sus ancianas espaldas lleva el peso de todala Iglesiay los problemas que cada día llegan a su mesa son innumerables, ha sabido hacer un parón y recogerse durante una semana para hacer Ejercicios Espirituales. No teniendo tiempo, ha sabido encontrar tiempo para lo que él considera lo más importante de todo: pararse a escuchar a Dios y ver lo que le pide en este momento.
Nosotros andamos muchas veces preocupados por la eficacia operativa y por los resultados que conseguimos. "La oración de Jesús nos indica ?señala el Papa- que nos hace falta detenernos, vivir momentos de intimidad con Dios, ?separándonos? del fragor de cada día para ir a la ?raíz? que alimenta y sostiene nuestra vida".
Retirarse unos días a un lugar de silencio y oración para estar a solas con Dios es un regalo que todos deberíamos hacernos a nosotros mismos. Nunca lo agradeceremos bastante, porque en esos encuentros personales ?personalísimos- con Dios, se encuentra o reencuentra el sentido y el valor que tiene nuestra viada. Quienes han hecho esta experiencia no están arrepentidos. Ahora que se acercala Pascua, ¿no valdría la pena hacer unos Ejercicios Espirituales en el silencio de un monasterio o de una casa de retiros?
+ Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos