¡Santa Pascua de Resurrección!

¡Santa Pascua de Resurrección!

Agencia SIC

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Mons. Joan E. Vives El Señor nos visita como a su Madre, a Magdalena, a las mujeres y a los apóstoles y discípulos, y nos vuelve a decir: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?", no está en un sepulcro, no ha fracasado, no le ha vencido la muerte…, sino que ha resucitado, y os precede en todos los rincones y las periferias de la existencia. En todas partes quiere que su luz irradie la alegría y la paz.

Estamos en Pascua y Cristo Resucitado con su visita, despierta de nuevo la Vida y la Esperanza en nosotros, en la Iglesia y en el mundo. "Nada es mezquino, ninguna hora es salvaje, ni es oscura la ventura de la noche…" escribe el poeta Joan Salvat-Papasseit. La alegría triunfará y el Evangelio de la alegría es nuestra razón de ser. ¡Vivimos para poder proclamar a todos la alegría de que Jesús está vivo, que el Amor crucificado ha triunfado y que renacer es posible! ¡Todo tiene sentido! La vida lleva a la eternidad feliz.

Por más que cuando uno vive en medio de preocupaciones fuertes, o se siente poco amado, o está agobiado por el peso de los años, o no tiene demasiada salud, o pasa alguna cruz, o se siente muy pecador… parece que pierda el aliento de la esperanza, creo que nos conviene que nos lo digamos unos a otros: ¡vale la pena creer y vale la pena esperar! "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular… Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo" (Sal 117,22).

Ayudémonos a mantener viva la esperanza, esta humilde virtud que une la fe y la caridad en un solo lazo luminoso y que nos hace vivir cada día resucitados, con nuevo aliento de vida y con nuevo ánimo. Lo necesitamos todos, pero especialmente los que más sufren o viven en la oscuridad y la duda.

Dios, resucitando a su Hijo Jesucristo, nos abre una esperanza muy grande, inmensa, de salvación y de vida, una vida que nunca morirá. Ya nada nos puede asustar. "Paz a vosotros", repite siempre Jesús Resucitado (Jn20,19.26). Hemos de aprender a esperarlo todo de Dios, porque nunca sabemos lo suficiente de la espera. Ni tampoco del confiar. Todo nos lo quisiéramos hacer nosotros mismos, solos, sin necesitar de nada ni de nadie. Posiblemente ni de Dios… Necesitamos aprender a confiar más en Dios y más en las personas que tenemos a nuestro alrededor. A ver más lo que nos une que lo que nos separa. A valorar los esfuerzos que las personas están haciendo. A agradecerles lo que nos dan, con naturalidad, pero con ternura. Aprender a disfrutar de la vida que Dios nos regala por pura gracia suya.

Dios nos visita de nuevo esta Pascua: ¡acojamos la novedad de su Vida, como Él espera ser acogido y querido! ¡Abrámosle el corazón, del todo, sin guardarnos nada! Con nuestra conversión decidida y auténtica a un amor más grande y generoso, vivamos de la fe y ofrezcámonos para la misión que Él nos tiene reservada. "Os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca" (Jn 15,16). ¡Santa Pascua a todos, llena del gozo del Espíritu Santo!

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell