¡El Resucitado también viene a nuestro encuentro!
¡El Resucitado también viene a nuestro encuentro!
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Muchos conocemos la narración evangélica de los llamados discípulos de Emaús, que proclamaremos en las celebraciones de este tercer domingo de Pascua.
Dos discípulos abandonan a los demás, a la comunidad, y se ponen en camino con ademán triste, mientras van comentando las últimas incidencias y su gran decepción.
Comentan entre sí: "Nosotros esperábamos que él, al que mataron, sería quien nos liberaría, pero ahora ya no esperamos nada".
Ahora están heridos por el Viernes Santo, por la cruz: fracaso, sufrimiento, muerte, entierro de ilusiones… Creían que había solución, que llegaba la liberación… pero no: ha sido todo lo contrario.
Es cierto que también habían oído el anuncio de la Pascua hecho por las mujeres, pero no se lo acababan de creer.
Esta narración de San Lucas tiene mucha importancia para indicarnos como podemos hacer la experiencia de Pascua, de la presencia de Jesús Resucitado.
Nosotros, hoy, después de dos mil años, ¿cómo podemos encontrar al Señor Resucitado y experimentar su presencia? ¿De qué manera nos sale al encuentro Jesús?
Nosotros, discípulos de Jesús hoy, tenemos a menudo el mismo talante, siguiendo el camino de la vida como aquellos discípulos decepcionados y desesperanzados.
Nosotros esperábamos… Ciertamente esperábamos que después del Concilio Vaticano II, que supuso una conversión de la Iglesia para ser más fiel al Evangelio, sería mucho más fácil la aceptación de la fe y la vinculación a la Iglesia. Y nos hemos encontrado con una oleada de secularismo que hace difícil la acogida de la fe. Nosotros esperábamos que mayoritariamente la sociedad escuchase la proclamación del Evangelio como Buena Nueva para la vida, y nos encontramos con una cierta indiferencia generalizada. Nosotros esperábamos… pero ahora no esperamos. Y nos preguntamos: ¿Dónde está Jesús?
Cristo, presente por su palabra
Jesús, a partir de la vida de aquellos discípulos, de sus decepciones, recordando la historia del amor de Dios por su pueblo ?el Antiguo Testamento? y con sus propias palabras, les ayuda a descubrir el sentido de los hechos.
El contacto menudeado con la Palabra de Dios, sobre todo cuando escuchamos el Evangelio, provoca que nuestros corazones capten la vida, los hechos ?incluso los dramáticos? de una manera diferente.
Cristo, presente en la acogida de aquel desconocido compañero de camino
Los dos discípulos no habían olvidado ser acogedores, y piden al forastero que se quede con ellos: "Quédate con nosotros, que ya cae la tarde…".
Cristo también se nos manifiesta cuando sabemos decir "quédate con nosotros", cuando somos acogedores, serviciales, cuando sabemos decir a alguien: "Aquí me tienes".
Cristo, presente en la Eucaristía
A los discípulos se les abren los ojos y reconocen a Jesús cuando parte el pan, cuando repite el gesto que les había dejado como testamento el Jueves Santo. Precisamente este gesto les permite reconocer la presencia de Jesús. Ya no necesitaran verlo, porque lo tienen en el gesto de partir el pan, en la Eucaristía.
Desde ahora, a Jesús lo encontraremos y lo reconoceremos en la Eucaristía, el gran momento de la presencia de Jesús entre sus discípulos.
Cristo, presente en la comunidad
Los discípulos vuelven a encontrar a sus compañeros, rehacen la comunidad, y se explican la experiencia del encuentro con el Señor.
Es en la comunidad de los cristianos que hallamos el testimonio sobre Jesús, que experimentamos el encuentro con él, que recibimos ayuda para continuar fieles en la fe.
+ Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona