¿Quién es mi prójimo?

¿Quién es mi prójimo?

Agencia SIC

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Mons. Gerardo Melgar Ante la pregunta de aquel doctor de la ley, cuando Jesús le va di­ciendo lo que tiene que hacer para heredar la vida eterna, como el mejor de los pe­dagogos y para que lo entienda con claridad se lo va a explicar con un ejemplo, con una parábola: la pará­bola del "buen samaritano".

En el relato hay unos personajes. Cada uno en su propia situación:

Un malherido. Iba de camino y ha caído en manos de unos bandidos, le han dado una paliza para robar­le y ha quedado tendido en la cune­ta de la vida. Se trata de un malheri­do, de un necesitado, cuya situación reclama de cualquiera que pase por allí que le ayude, que alguien le eche una mano.

Unos personajes: por aquel ca­mino en el que ha quedado tendi­do aquel hombre que había recibido la paliza, pasan distintos personajes que contemplan la situación, que ven al malherido, pero miran para otro lado y no hacen nada para ayudarlo, no les interesa. Allá él con su tema.

Hay también alguien que respon­de a quien le necesita: este contem­pla la situación en la que ha quedado aquel hombre, y por humanidad se conmueve, se compromete, cura sus heridas; lo monta en su cabalgadura; lo lleva a la posada y encarga que lo cuiden. Además, el evangelio da más datos, este era un samaritano y el he­rido un judío, cuando los judíos y los samaritanos no se trataban, eran ene­migos.

Jesús le pregunta, quien se portó como su prójimo y aquel entendido de la ley le contestó: el que tuvo com­pasión de él y no le dejó allí sino que le atendió.

Jesús entonces le dice: Vete y haz tú lo mismo.

Esta misma estampa se sigue, des­graciadamente, repitiendo en nues­tro mundo al pie de la letra:

Nuestro mundo es un mundo in­solidario. Nuestra sociedad es una sociedad egoísta. Encontramos hoy muy pocas personas que quieran complicarse la vida por nadie.

En nuestro mundo actual sigue habiendo situaciones de necesidad, actitudes de insolidaridad con quien nos necesita, hombres tirados en la cuneta de la vida, personas necesita­das, que están extendiendo su mano para encontrar la mano amiga que les ayude.

Estas personas y situaciones tie­nen un rostro: es el rostro del dro­gadicto, con mono en plena calle, es el rostro de quien se pasó be­biendo y ha caído en la acera, el rostro de mendigo medio muer­to de frio, el rostro del herido por violencia callejera, el rostro del ac­cidentado, el rostro de anciano desorientado que no sabe volver a la residencia

Rostros y rostros con sus manos ex­tendidas es­perando la otra mano amiga que les ayude.

Muchos pasamos ante ellos y ni queremos enterarnos; otros nos en­teramos pero no queremos compli­carnos la existencia y miramos para otro lado; otros somos humanitarios y además somos creyentes y no po­demos pasar de largo y les echamos una mano

¿Cuál es mi postura personal ante las necesidades de los demás?

Nuestra condición de creyentes en Jesús nos exige que cumplamos la palabra de Jesús: "Vete y haz tú lo mismo".

Que ante las necesidades y nece­sitados que descubrimos en nues­tro entorno seamos capaces de res­ponder con generosidad, como pide nuestro amor a los demás y la digni­dad de hijos de Dios que tienen to­dos, aunque tengan su cara desfigu­rada.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real