Por mediación de María
Por mediación de María
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Mons. Eusebio Hernández Queridos hermanos y amigos:
La lectura del evangelio de este domingo es como una prolongación de las dos fiestas que últimamente hemos celebrado. El evangelio de este domingo cierra lo que podíamos llamar el tríptico de la Epifanía del Señor formado por la adoración de los Magos (Mateo 2, 1-12), el Bautismo de Jesús en el Jordán (Lucas 3, 15-16.21-22) y, finalmente, el texto de este domingo, el milagro de las bodas de Caná de Galilea (Juan 2, 1-11).
Los tres textos nos presentan lo que ha de ser la misión de Jesús en este mundo: el anuncio del Evangelio, la Buena Noticia, que trae la salvación y la vida. Así Cristo en la adoración de los Magos se presenta como la luz que ilumina las tinieblas y que llena de inmensa alegría a quien lo encuentra. En el Bautismo del Jordán como el Hijo de Dios en quien nosotros podemos ser hijos de Dios y finalmente en las bodas de Caná de Galilea en las que Jesús al transformar el agua en vino va a comenzar sus signos, manifiesta su gloria y hace que crezca la fe de sus discípulos en él.
En las boda de Caná aparece la figura de la Virgen María y por su mediación se realiza el milagro. Nos dice el Catecismo (1613): En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo ?a petición de su Madre? con ocasión de un banquete de boda. La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo.
El comienzo de la vida pública de Jesús es impulsado por la Virgen María, sus palabras serán como algo que va a señalar su misión, ya no sólo en la vida terrena del Señor, sino también en la vida de la Iglesia: Haced lo que él os diga . Palabras que siempre deben resonar en nuestros oídos y tenerlas presentes todos los días de nuestra peregrinación en este mundo. Cuando hacemos aquello que Jesús nos dice y seguimos el Evangelio, nuestra vida se va transformando en vino nuevo que llena de alegría el corazón del hombre.
Nosotros contamos también ahora con la mediación de María que viene a animar nuestra vida en la fe: ?por medio de María, el Espíritu Santo comienza a poner en Comunión con Cristo a los hombres "objeto del amor benevolente de Dios", y los humildes son siempre los primeros en recibirle: los pastores, los magos, Simeón y Ana, los esposos de Caná y los primeros discípulos (Catecismo 725).
Queremos pues, al comenzar este año nuevo, contar con la ayuda de María para que ella anime nuestra vida en la fe. Con nosotros ora la Virgen Santísima, la Iglesia nunca ha dejado de ser consciente de esta mediación celestial: La oración de María se nos revela en la aurora de la plenitud de los tiempos. Antes de la encarnación del Hijo de Dios y antes de la efusión del Espíritu Santo, su oración coopera de manera única con el designio amoroso del Padre: en la anunciación, para la concepción de Cristo; en Pentecostés para la formación de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. En la fe de su humilde esclava, el don de Dios encuentra la acogida que esperaba desde el comienzo de los tiempos. La que el Omnipotente ha hecho "llena de gracia" responde con la ofrenda de todo su ser: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra". Fiat, ésta es la oración cristiana: ser todo de Él, ya que Él es todo nuestro (Catecismo 2617).
Este domingo el Evangelio nos asegura esta continua intercesión de María, la Virgen; por ello. podemos decir con el Catecismo (2618): El Evangelio nos revela cómo María ora e intercede en la fe: en Caná, la madre de Jesús ruega a su hijo por las necesidades de un banquete de bodas, signo de otro banquete, el de las bodas del Cordero que da su Cuerpo y su Sangre a petición de la Iglesia, su Esposa. Y en la hora de la nueva Alianza, al pie de la Cruz, María es escuchada como la Mujer, la nueva Eva, la verdadera "madre de los que viven".
En sus manos de Madre ponemos hoy nuestra fe y la vida de nuestra Diócesis.
Con todo afecto y cariño, os bendigo.
+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona