El poder de los débiles

El poder de los débiles

Agencia SIC

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Mons. Agustí Cortés El mundo es gestionado por el poder, los poderosos mueven el mundo. Pero, ¿quiénes son los poderosos? No es fácil responder a esta pregunta.

En un reciente encuentro de profesores universitarios, a la hora de subrayar la responsabilidad de la institución universitaria para el futuro de la cultura y de la sociedad en general, se llegó a afirmar que en realidad hoy los centros de poder estaban ocultos y no coincidían exactamente con las instituciones que "oficialmente" tienen esta función.

En principio hay muchos campos de poder: la ideología, la economía, la política, la cultura en general, con sus múltiples espacios, como el arte, el deporte, la moda, etc. Cada campo parece que tiene sus propios líderes. Pero, ¿puede decirse que hay quienes "mandan más", tienen más poder, aunque invadan otros terrenos más allá de los propios? ¿Se pueden identificar "los poderosos de este mundo", usando la expresión de Jesús (cf. Mc 10,42)?

Estos últimos tiempos la política está muy presente en nuestra atención. La política es el arte de ejercer el poder, en principio, al servicio del bien común. Cuanto más "mesiánico" (salvador, transformador, radical) es quien gobierna, más poder necesita acumular, más espacios de poder tiende a controlar. No entramos a discutir la intención de un político gobernante u otro.

Es frecuente escuchar que el más poderoso, por encima de los políticos, los investigadores, los ideólogos, los artistas, etc., es sin duda el dinero. Pero el dinero no es nadie, siempre es "de alguien" que lo tiene y lo disfruta.

El poder en sí no es malo. Desde nuestro punto de vista, la calificación moral del poder depende de la respuesta a tres preguntas: de dónde procede, cómo se ejerce y qué finalidad persigue.

Todo esto viene a cuento a propósito de una frase sorprendente de San Pablo:

"Así que prefiero gloriarme de ser débil? Cuanto más débil me siento, tanto más fuerte soy" (2Co 12,9-10)

Quien escuche estas palabras, tal como suenan, pensará que San Pablo está enfermo de masoquismo. No tienen ninguna lógica, al menos ninguna lógica que coincida con la del poder. Solemos decir que somos cristianos para transformar la realidad. ¿Cómo vamos a hacerlo si seguimos a San Pablo?

Me impactó en su día la lectura del libro de Tatiana Goritchéva La fuerza de los débiles. Su argumento es justamente mostrar el poder transformador que en Rusia han tenido los más débiles, en el contexto de un gobierno y un estado absolutamente poderoso, como era el comunismo. Sólo que esos débiles eran los "starzy", aquellos comprometidos con una vida de pobreza radical, dedicados a la oración del corazón, ascetas que ofrecían su vacío a la plenitud del amor del Espíritu Santo. Para la autora ellos eran focos de profunda y auténtica transformación del mundo.

Se entiende cuando leemos la cita completa de San Pablo:

"(Me dijo Jesús:) ?Mi amor es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra plenamente en los débiles?. Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que venga a residir en mí el poder de Cristo. Y me alegro también de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuanto más débil me siento, tanto más fuerte soy" (2Co 12,7-10).

? Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat