La oración, relación personal con Dios
La oración, relación personal con Dios
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Mons. Antonio Algora En este curso nos proponemos una Programación Pastoral que pone su centro en la Oración. Os propongo volver a leer el n.º 2564 del Catecismo que nos enseña: "La Oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo al Padre, en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre".
El cristiano, cuando reza se dirige a Dios Padre "en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre". La Iglesia sabe que Jesucristo es el Verbo (la Palabra) de Dios hecho hombre. Sí, la Palabra, con mayúsculas y única, "por quien todo fue hecho". ¡Qué bien lo dice el Evangelio de San Juan en el comienzo!: "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres".
El cristiano, cuando reza, ?con la gracia del Espíritu Santo? está realizando la acción de Jesucristo, el Hijo, (el Verbo) que se dirige a Dios Padre.
Nuestra tendencia a la autosuficiencia y al egocentrismo aparece cuando nos ponemos a rezar y nos hacemos el centro, al estilo del fariseo: "Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano" (Lc 18, 11). Por eso alaba Jesús la actitud del publicano que pone como su centro de referencia a Dios, al que le pide: "Ten compasión de mí".
Sinceramente, ¿somos conscientes de esta realidad? ¿O rezamos sin que nuestra oración tenga nada que ver con Jesucristo? Cuando los discípulos le dijeron a Jesús: "Enséñanos a rezar", el Señor les enseñó el "Padre nuestro". Corremos el peligro de convertir nuestra oración en una fórmula más de las que nos sabemos. Incluso nos atascamos, me decís algunos, en lo de "perdónanos nuestras ofensas (deudas) así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden (nuestros deudores)" porque nos creemos incapaces de perdonar… y, efectivamente, sin Jesucristo, no hay salida.
Por eso nos enseña el Catecismo: "¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde "lo más profundo" (Sal 130, 14) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf. Lc 18, 9-14). La humildad es la base de la oración. "Nosotros no sabemos pedir como conviene" (Rm 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios" (n.º 2559).
Estas reflexiones os las ofrezco como un aperitivo que nos suscite, a lo largo de este curso pastoral, el deseo de rezar y de adelantar en nuestra personal relación con Dios. En nuestras parroquias, en nuestros grupos apostólicos, en nuestra vida personal? ahondemos en la necesidad de formarnos en eso que, por otra parte, es tan sencillo: Rezar. Nos recuerda el Catecismo: "La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de El" (n.º 2560).
Vuestro obispo,
? Antonio Algora
Obispo de Ciudad Real